La huelga del 29M a análisis

En estas páginas pretendemos reflexionar en torno a la pasada huelga general del 29 de marzo, tratando de ver un poco más allá de las cifras de seguimiento y las imágenes mediáticas que parecen ser lo único que ha quedado de ese día de lucha. Esperamos que estas líneas contribuyan a este necesario debate de cara a la que se nos viene encima.

En la actualidad, la utilidad y posibilidades de una huelga general han variado respecto a épocas pasadas, su capacidad de presión se ha reducido, debido a la falta de adaptación a las condiciones de los nuevos tiempos. En nuestra opinión, el día de huelga pasa por ser un momento de ruptura con la normalidad, en el que tenemos la posibilidad de encontrarnos en las calles, forjar lazos entre iguales, probar nuestra fuerza y nuestras posibilidades de actuación. Con todo, no debe perderse la perspectiva, y a pesar de estar capada desde el principio, la huelga debe tratar de interrumpir al máximo el proceso productivo. Está claro que con un solo día y avisada con antelación (favoreciendo reestructurar turnos, trabajos a realizar…) no se consigue echar atrás la reforma laboral, más aún teniendo en cuenta que todo se circunscribe en un contexto general a nivel europeo de políticas restrictivas, y con un gobierno con mayoría absoluta en el parlamento. Pero sí debe ser una ocasión para calentar el ambiente, proseguir (o empezar) con nuestra organización, probar diferentes tácticas… y ante todo, seguir empujando a nuevas movilizaciones, ya sean huelgas u otro tipo de acciones.

También es importante repasar el nuevo contexto productivo, social y económico en el que vivimos, que dista bastante del de hace 30 o 40 años, y conforme a ello replantear nuestras formas de lucha. La fábrica ha perdido su centralidad en el modelo productivo, las reconversiones hicieron mella y el actual panorama destaca por la importancia del sector servicios y por la precariedad laboral. Poco queda de las antiguas grandes concentraciones de obreros/as, de los empleos para toda la vida y de los sectores altamente sindicados. El tejido industrial está mucho más desestructurado que antes, las ETTs y las subcontratas campan a sus anchas, y aunque todos trabajen para producir el mismo bien, tienen distintos jefes y distintos convenios… a efectos prácticos no son un único personal laboral. Por otro lado, la movilidad y el transporte de las mercancías han adquirido una importancia primordial (es, junto con el alocado desarrollo de la tecnología, lo que permitió la deslocalización productiva), la velocidad es el signo de nuestra época, en las grandes ciudades los/as trabajadores/ as tenemos que recorrer grandes distancias para ir a nuestro centro de trabajo, las empresas ya no tienen grandes stocks para la producción, la cercanía que posibilita la velocidad de movimiento (en forma de carreteras o transporte aéreo) lo hace inútil.

Ante este nuevo panorama, las grandes centrales sindicales no han sabido adaptarse (o no les ha hecho falta para seguir detentando ciertas cotas de poder), aún estiman que un paro del 100% en metal o construcción es signo inequívoco de una

gran huelga. Sin embargo, llega la huelga del pasado 29M, son las 7 de la mañana y a pesar de la publicidad sindical que clama paros totales en industria, las entradas a Madrid están hasta arriba de coches yendo al curro, los comercios (pequeños y grandes) están abiertos… Así transcurre gran parte del día… ¿un fracaso? Para nada, pero tampoco el éxito estrepitoso que más tarde proclamaron CCOO y UGT.

La huelga en la práctica: los piquetes

Llega el día de la huelga y aparecen los piquetes, según cierta prensa no dejan de ser hordas de trabajadores/as amedrentando al personal para conseguir sus fines políticos. Menos se hablará de las coacciones empresariales, que no hace falta que sean explícitas: ahí están los 5 millones de parados/as, el miedo al despido, la necesidad de llegar a fin de mes… eso sí que acojona y se impone por la fuerza. Pero bueno, a lo que vamos, los piquetes. Su función es informar, tomar la calle, hacer ver que estamos en huelga.

Una vez metidos en faena, otra cuestión en torno a los piquetes es el objetivo que les otorgamos, o más bien, que no otorgamos: tras una mañana entera tratando de cerrar pequeños comercios por el centro de Madrid y viendo que volvían a abrir en cuanto el piquete doblaba la esquina, nos planteamos ¿Qué estamos haciendo? ¿No hay forma de ser más útiles? Se nos ocurren algunas ideas, como centrarnos más en colapsar las calles principales de los barrios, en entorpecer el funcionamiento de los centros comerciales o grandes superficies que todos/as tenemos cerca de casa, en bloquear centrales bancarias… habrá que ir probando.

Destacamos de esta huelga la realización de piquetes nocturnos y diurnos por varios barrios y ciudades de Madrid, mostrando que la huelga no sólo está en el centro turístico de la capital y en los polígonos industriales. Las huelgas han perdido interés entre los/as trabajadores/as, y con esta descentralización se consigue mayor visibilidad y se posibilita generar más interrupción, más puntos de ruptura simultánea, más dificultad para atajar la movilización. Desde la noche de antes se va caldeando el ambiente, se recuerda que la huelga está por llegar, y ya durante la mañana se puede dialogar con nuestros/as vecinos/as que van a trabajar, recordándoles la situación en la que estamos y haciendo ver en el barrio que no estamos ante un día normal (lo que únicamente con paseos por el centro no se consigue, pues estas cosas por televisión distan mucho de causar el mismo efecto que en persona). En este ámbito, también es analizable la utilidad que podría tener que un piquete de barrio realizará previamente un pequeño esquema del trayecto a recorrer, informando a aquellas empresas de que estaremos por allí.

No hay excusas que valgan

Estamos ya acostumbradas/os a (y también hartas/os de) escuchar en cada jornada de huelga las habituales excusas esgrimidas como verdades absolutas por los/as esquiroles para justificarse. Aun siendo conscientes de las distintas realidades de cada una/o y de que hay situaciones en las que realmente secundar la huelga es jugarse mucho más que un día de sueldo, los tan escuchados “no me lo puedo permitir” y “además no servirá para nada” en la mayoría de casos ignoran (deliberadamente o no) lo que significa y lo que persigue una huelga.

Nos ha sorprendido en esta última ocasión ver cómo de repente, en el otro extremo, al llegar el día de la huelga una parte importante de trabajadores/as es demasiado “radical” como para secundarla, porque “si no es indefinida no va a cambiar nada” o porque “los sindicatos son unos vendidos”.

Respondemos de la misma forma: esta huelga (y las que vendrán) es de los/as trabajadores/as, estudiantes, desempleados/as, amas/os de casa, jubilados/as, y de toda/os las/os que nos vemos afectadas/os por esta reforma laboral y por cada nuevo ataque a nuestras condiciones de vida. Esta huelga (y las que vengan) es por nosotros/as, por nuestras/ os compañeras/os, por nuestros/as hijos/as, y no por los sindicatos. Renunciar a defenderse de estos ataques (para lo cual la huelga es una herramienta indiscutible, aunque sea sólo un paso de muchos más necesarios) por un puñado de euros, es venderse muy barato.

En cuanto al “derecho a ir a trabajar” y la “libertad” para no hacer huelga, aunque la respuesta sea más que obvia no podemos pasarla por alto, viendo lo hondo que sigue calando en tanta gente este mantra repetido hasta la saciedad por políticos/as y empresarios/as desde todos los medios a su alcance. A quien defiende con uñas y dientes este “derecho” suyo, enfrentándose a piquetes y a quien haga falta con tal de llegar a su puesto de trabajo, sólo podemos pedirle que se plantee si la libertad es verte obligado/a a ceder a los chantajes del gobierno y de tus jefes/as a cambio del sueldo de un día, que se pregunte dónde queda el derecho a trabajar los otros 364 días del año cuando no deja de aumentar el número de parados/as, que valore si está dispuesta/o a renunciar después a los derechos que puedan conseguirse con la lucha de sus compañeros/as, y, en definitiva, que se pare a pensar quién está realmente de su lado.

Más allá de los grandes días

Como ya hemos dicho, este marrón que nos han colocado con la nueva reforma laboral no se va a solucionar de la noche a la mañana, más de una huelga va a ser necesaria, pero ante todo nos va a tocar pararlo en los trabajos, con cada despido, con cada mamoneo. Y es aquí donde es imprescindible generar redes de apoyo. Con un mercado laboral que se caracteriza por estar copado de pequeñas empresas, y teniendo en cuenta que se nos escapan cada vez más las posibilidades de negociar convenios colectivos o de ir a los juzgados a reclamar, no nos queda otra que retomar con fuerza lo que siempre ha caracterizado al movimiento obrero: los piquetes, el boicot, la presión. En este sentido, la dinámica que se lleva para afrontar los desahucios nos parece aplicable (con sus variaciones, claro) a la problemática laboral. Al fin y al cabo, estas pequeñas empresas son “fáciles”

de dañar. Un boicot continuado, unos piquetes en los momentos de mayores ventas (en caso de bares o comercios) o informar de lo sucedido a la gente del barrio que conoce al/la dueño/a, pueden ser acciones suficientes para conseguir importantes resultados. Pero es imprescindible contar con los compañeros/as de fuera del trabajo, con esas redes de solidaridad que tan bien pueden funcionar.

Por otro lado, nos parece muy interesante que este tipo de temas sean tratados también desde las asambleas de barrio pues son lugares idóneos ya que posibilitan una cercanía con los problemas de los/as trabajadores/as, un conocimiento de las empresas del barrio y de sus condiciones laborales, una comunicación directa con los/as compradores/as en caso de ser algún tipo de comercio, una facilidad para informar, realizar piquetes o coordinar boicots con las empresas en conflicto… De la misma forma, que estos problemas sean parte de la asamblea permiten más fácilmente que lo laboral sea algo más dentro del conjunto de problemáticas que nos atañen (junto con el acceso a la vivienda, el deterioro de la sanidad o el acoso policial). A estas asambleas de barrio deberían poder acercase tanto vecinos/as con problemas laborales (ya sea en el barrio o fuera de él) como trabajadores/as de las empresas afincadas en la zona. Por otro lado, trabajar este tipo de de problemáticas reporta a las asambleas inmensas posibilidades reales de actuación, coordinándose, si se diera el caso con otros colectivos o sindicatos implicados en el conflicto.

A modo de conclusión

No creemos que todas estas ideas nos vayan a reportar una victoria segura, pero lo cierto es que es momento de plantar cara, hay que intentar cosas nuevas (y viejas), pero hay que hacerlo ya.

Este texto no es el principio ni el final de este debate, que creemos que debería extenderse con más aportaciones. Muchas veces acabamos cayendo en la pura inercia por falta de reflexión, por no habernos planteado seriamente qué queremos, para qué hacemos las cosas, es decir, qué objetivos nos marcamos y cómo podemos avanzar en ellos de la forma más eficiente, de cara a tener las cosas más claras en la próxima y que la excusa de la falta de tiempo no sea tal. Todo para mantenernos autónomos/as, no depender únicamente de lo que otros/as hagan y, en fin, tratar de convertir las huelgas (y cualquier otro tipo de lucha) en elementos útiles y efectivos para superar este “estado de cosas”. Habrá que poner en práctica lo que se nos ocurra en las próximas movilizaciones, probar y seguir aprendiendo, mejorando.

No queremos terminar sin hacer una mención a las cientas de personas detenidas y heridas que esta huelga ha dejado y recordamos que aún prosiguen las detenciones, como las del pasado 19 de abril en Barcelona, Tarragona y Pamplona. Y más aún queremos recordar que a finales de abril –cuando cerramos esta edición- aún hay tres personas en prisión preventiva en Barcelona en relación con esta protesta. Desde estas líneas nos queremos solidarizar con ellos/as, con sus compañeros/as, familia y amigos/as.

vía: Todo por Hacer

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