A un año del 15M. Hacia el 12M. Reflexiones compartidas para seguir enredando.

Este domingo en La enredadera de Radio Topo celebraremos una tertulia sobre este año desde el 15M y hacia el 12M. Hacia ella, he escrito este texto a modo de editorial, como reflexión compartida. Espero que os guste y sirva. Podéis comentar cuanto os salga.

A un año del 15M. Hacia el 12M. Reflexiones compartidas para seguir enredando.

No es una crisis, es una estafa

Nos imponen sus recetas: Medidas económicas para sostener a los que más tienen. El golpe de estado que nos han dado los mercados capitalistas es apabullante. Nos dirigen desde las bolsas, desde una economía antisocial, financiera, especulativa. No es la economía real: Capitalismo puro y duro.

Para ello, todo vale. Empezando por una amnistía fiscal a los que más deberían aportar (porque pueden) y se escaquean. Los mismos que nos han llevado a este atolladero, se están forrando en esta situación de desigualdades sin precedentes. En ese sentido, vamos para atrás.

En 2012, la lucha de clases es más clara que nunca. Los ricos, más ricos. Los pobres, más pobres, y más presos. ¿Aún se cree alguien lo de la “clase media”?

Quieren acabar con todo. Que nadie lo dude, el “sálvese quien pueda” y “no hay alternativas” son sus mantras favoritos. Mentirosos. Y para sostenerlos, por si acaso no cuelan, refuerzan el estado policial, penal y carcelario.

Mientras, el planeta languidece. Lo estamos destrozando y no da más de si. Y sin naturaleza no habrá revolución. No habrá donde disfrutarla.

Nos mean y dicen que llueve

El “TDT party” se ha rearmado. Contra nosotras. Los medios conservadores (también algunos que se ponen la chupa de pana según les interesa) van “a saco paco”. Sus campañas se basan en mentiras, desprestigio de activistas y manipulación en defensa de los poderosos. La “spanish neocon” es porno duro.

Hablan de recortes. A golpe de motosierra. De austeridad y de crisis. Dicen que hay mucho gasto público, lo cual es una falacia. El estado español está a la cola de la UE en gastos sociales. Ese dogma injustificable da rienda suelta a la constricción de gastos en educación y salud pública (y ya de paso las privatizan), en los salarios y los derechos laborales, en las ayudas a asociaciones que asisten y ayudan a dependientes, enfermos y ancianos que necesitan cuidados especiales, en los apoyos a la cultura popular y la creatividad artística… lo que nos está llevando a más desempleo y más recesión (desordenada, injusta y antidemocrática). Lejos de lograr soluciones, están metiéndonos más y más en una crisis de la que no nos van a sacar.

¿Y sus sueldos? ¿Y el despilfarro en infraestructuras innecesarias? ¿y el mantenimiento de caducas estructuras como la Iglesia, el ejército o la monarquía? ¿y proyectos carísimos como Motorland, Arcosur, el recrecimiento del pantano de Yesa o más grandes centros de ocio? (por citar algunos ejemplos locales para las que vivimos en Aragón).

Dicen que no hay dinero. ¡Nunca ha habido más dinero! No dejan de insuflar millones y millones de euros a los bancos, para pagar sus deudas. El capitalismo no funciona (salvo para fundirnos los vatios) . El dinero mantiene los privilegios de los más pudientes, sostiene a las empresas más poderosas, fomenta lucrativos y antisociales proyectos de las multinacionales más avariciosas y hace que unos puedan acceder a cosas (como comer, ir al médico o leer un libro). Y otras, no.

Hablan de violencia en las calles, de incontrolados que queman contenedores, de antisistemas organizados. ¡Qué miedito! Violencia genera violencia, no creo que haya nadie que niegue esto. Y es lógico que haya expresiones violentas contra un sistema violento. La rabia canalizada en violencia, frente a este sistema caníbal y depredador, es más que comprensible. Y es legítima. Pero inútil, como ya hemos comprobado en otras ocasiones. Sabemos canalizar nuestro odio en propuestas más creativas e inclusivas, transformadoras y revolucionarias. Creo que ese es un camino. Aunque “los mundos”, “las razones” y “las seres” no nos las difundan y llenen sus titulares de contenedores ardiendo y cabezas encapuchadas (muchas de policías infiltrados, por cierto).

¿Qué haríamos sin los medios independientes, libres y comunitarios? Hoy más que nunca, somos el medio. Comunicar es compartir (“poner en común”). Somos las protagonistas de la información y ¿quienes mejor que nosotras mismas para contar lo que está pasando?

Lo llaman democracia y no lo es

Durante este año ha sido patente la incapacidad de intervenir en un sistema que cierra las puertas a la participación. Los límites de esta democracia son latentes. Se llenan la boca de procesos participativos y mienten. Aquí no participa ni dios. Mucha gente pasa de la política, lo cual es un error si la dejas, como hasta ahora, en manos de unos sirvengüenzas. Salvo algunas excepciones, no muy lejanas (o sí). En estos últimos 12 meses, sobre todo en 2011, han sido muchos los guiños al 15M, al “que no nos representan” (pero vamos a hacer como sí). Incluso del PP y del PSOE, en otro claro ejercicio de perversión y cinismo. El descrédito de la clase política es creciente, especialmente hacia los partidos mayoritarios (pero no solo). Esta cuestión la desarrollaremos en otros espacios.

Para salir del pozo, lo primero que hay que hacer es dejar de cavar

Es lógico que dejemos atrás todo lo que nos ha llevado a este atolladero. ¿Y lo estamos haciendo? Desde las altas esferas, ya hemos dicho que no. ¿Y desde las luchas populares? En este año hemos visto protestas clásicas, de pancartas, banderas y comunicados. Muchas manifestaciones. Hace unas décadas una ardilla podía pasar de África a Francia de árbol en árbol. Ahora pasaría de manifestación en manifestación. Por supuesto que es fundamental salir a la calle, aglutinar, canalizar esa rabia colectiva, sentirnos parte de una colectividad, sabernos en el cambio que queremos.

Pero, al mismo tiempo, precisamos de experimentos colectivos, verdaderas alternativas al capitalismo. Pasicos y propuestas que nos saquen de un modelo que nos impregna, también en nuestro interior. En ese sentido, durante este año han evolucionado algunas iniciativas muy interesantes, han nacido algunas propuestas y se han consolidado otras. Nos referimos a las cooperativas de finanzas éticas (Coop57 y Fiare), a las Cooperativas integrales y las Redes de Economía Alternativa y Solidaria, a los proyectos de salud comunitaria y de educación libre, a las huertas agroecológicas, los mercados locales y los circuitos cortos de comercialización, como los que promueven los grupos de consumo ecológico; a los mercados de trueque, el ocio autogestionado, los espacios de autoformación, los bancos del tiempo y las monedas sociales; a las acciones directas contra los desahucios (que han paralizado 230 dramas de familias expulsadas de sus casas); a las redes de apoyos y solidaridad directa con las personas que peor lo están pasando (gentes en la extrema pobreza, desempleadas de larga duración sin ingresos, inmigrantes en situación irregular o sin papeles, mujeres olvidadas e internadas en casas de ancianos, etc.) y que han expandido las luchas hacia los barrios.

Todavía somos una inmensa minoría las que estamos activas en propuestas de cambio. Eso sí, cada día somos más y todo apunta a que nos uniremos más y más hacia la autogestión y la organización de una sociedad nueva. Tal vez precisamos de un esfuerzo más para coordinar las luchas, vertebrar espacios más amplios y organizar respuestas globales a cuestiones comunes. En eso estamos. Las semillas de ayer van germinando hoy y nos darán nutritivos frutos mañana.

¿Somos el 99%?

Somos mucho más. Somos una sociedad diversa, plural, poliédrica. No queremos ser como ellos, los que vemos en los mítines del PP. ¡Qué horror! ¿Nadie les dice que esa línea ultraconservadora está “demodé”? ¿No tienen amigos fuera de la secta? Desde luego, no somos esos puritanos, hipócritas y fachas. Somos otra cosa. Somos los trabajadores, las precarias, los jóvenes y las jubiladas, la gente del barrio, los que viven en el pueblo. Con nuestras diferencias, contradicciones y controversias. No sé si somos un 99% de la población, pero desde luego no somos el 99%. No somos un todo homogéneo. Somos la humanidad, con toda su biodiversidad, gustos y colores. Y queremos vivir así, en la diversidad. Y al mismo tiempo, en la igualdad de oportunidades. Para estudiar o para prevenir enfermedades, para disfrutar de la música o de un paisaje, para trabajar o para tumbarnos a la bartola. Aquí y allá, en Zaragoza y el Sobrarbe, en Barcelona y Vinarós, en Bruselas y Pau, en Dakar y Chefchaouen.

Que se vayan todos

Si nosotros somos un 99%, suponemos que ellos son un 1%. Ese sector de la sociedad al que no vemos ni se pasea por las calles, que no compra en las tiendas del barrio ni nos acompaña en las manifestaciones, que no nos roza en la cola del INAEM ni se sienta, cuerpo a cuerpo, en la sala de espera del centro de salud. Son los de siempre, las castas dominantes, los ricos, los franquistas, los sin escrúpulos, los capitalistas. Los accionistas de los bancos, los políticos profesionales, los empresarios de multinacionales, los capos de la mafia; los que manejan la política en la Iglesia católica o el Opus Dei, responsables de tantas injusticias y fanáticos contra los placeres y la esencia misma de la vida; los mandos militares que diseñan las guerras, mercadean con armas e invaden territorios; los borbones, ladrones y cazadores de elefantes; los catedráticos que siguen usando a becarias para escalar en su currículum universitario; los médicos vendidos a las farmacéuticas y negocios particulares; los jefes de la redacción de medios de (in)comunicación que dan vergüenza ajena; las cúpulas sindicales; los herederos de propiedades que miran hacia otro lado; las que mantienen varios sueldos por distintos empleos, mientras otras llevan años sin una nómina digna; los consumidores irresponsables de vuelos de fin de semana, coches todoterreno para ir por la ciudad o móviles cada dos meses (entre otros vicios, que no derechos, capitalistas).

Cambiar de gafas para mirar el mundo

Nuestra propuesta, desde estas líneas, es devolvernos la alegría. Ser felices en las luchas. Recuperar lo que es nuestro. Todo, sin renunciar a nada. Empezando por lo más hondo. Lo de adentro. Nuestro ser, nuestra esencia animal y humana. Podemos desenseñar a desaprender cómo se deshacen las cosas. Juntas, somos capaces de sacar a ese capitalista que se nos ha metido en el cerebro, en el corazón y en el bolsillo y que tenemos que expulsar de ahí. Aún hay esperanza, claro. Podemos aprender a vivir distinto, con menos, para vivir mejor. Aún podemos echar fuera el individualismo, la codicia, la insolidaridad,… y practicar la generosidad, el apoyo mutuo, la solidaridad, las experiencias colectivas. Por ahí, siempre iremos bien, porque estaremos con la gente que queremos. Y eso ya es mucho.

Nacho Escartín. La enredadera de Radio Topo.

vía. A las barricadas.org
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