Chile: Se abrió la caja de Pandora

Frida Modak

Seguramente no fue ese el propósito de Patricio Aylwin cuando dio su reciente entrevista al diario El País, pero las reacciones a sus palabras determinaron que lo ocurrido desde el 4 de septiembre de 1970 a la fecha ya no tenga una versión única.

Ese día de septiembre los partidos tradicionales y la democracia cristiana perdieron la elección presidencial y se convirtieron en supuestas victimas de historias de terror con las que intentaban evitar que Salvador Allende asumiera la presidencia de la república.
El más afectado era el entonces presidente Eduardo Frei Montalva. Unas semanas antes de los comicios un familiar suyo le contó a un grupo de periodistas que el mandatario no podía asimilar el hecho de que dejaría de ser presidente.
Pero, además, pensaba que si en las próximas elecciones era reelegido, el país habría cambiado tanto que él ya no lo podría gobernar. Eso le resultaba intolerable y marcó su comportamiento en el resto de su mandato y durante los tres años del gobierno de Allende.
Al final de su presidencia fue asesinado el Comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, y eso determinó su primer encuentro con Allende, con quien habían sido amigos e incluso coincidido antes en algunas posiciones políticas y sociales.
Allende le demandó el cambio del jefe de la policía y se nombró a un general de ejército que él propuso. La amistad ya estaba dañada y Frei, que después fue elegido senador y presidente del Senado, lo que lo ponía en la línea de sucesión presidencial, repetía que “en este país no se puede vivir”.
Empieza la desestabilización
En la Democracia Cristiana no había unanimidad respecto al gobierno allendista. Había sectores más progresistas que el de Frei y personalidades destacadas, como Bernardo Leighton, que fuera ministro del Interior (Gobernación) de Frei, y senadores y diputados que no compartían sus actitudes.
Con el financiamiento de Estados Unidos empezaron las políticas desestabilizadoras. Se inició un paro empresarial que tenía por objeto provocar escasez de todo, fundamentalmente de alimentos. El paro fue derrotado con la movilización de los estudiantes y soldados.
Ahí se produjo la primera división importante en la democracia cristiana. El presidente de esa colectividad, senador Renán Fuentealba, era partidario de ofrecerle al presidente Allende una gestión mediadora, a través de uno de sus senadores.
Se opuso Andrés Zaldívar, senador y ex ministro de Hacienda de Frei, argumentando que era preferible 300 muertos en ese momento a 3,000 en unos meses más. Pero la iniciativa se mantuvo y recibí la propuesta de mediación en mi condición de secretaria de Prensa del presidente Allende.
La mediación no fue necesaria porque el paro ya estaba quebrado, pero surgieron numerosas formas de seguir entorpeciendo al gobierno, todas ellas financiadas desde Washington.
Cuando llegaban los dólares para los “opositores”, bajaba su precio en el mercado negro y subía cuando se tardaban.
La meta era crear un caos que justificara la intervención de los militares y los estadounidenses perdían la paciencia.
También la perdían en el sector golpista de la democracia cristiana y en los partidos de derecha. Se produjo entonces el llamado tanquetazo, organizado por un oficial del regimiento de blindados que iba a ser destituido y pensó evitarlo sacando a la calle dos tanques.
Llegó con ellos hasta La Moneda, la sede del gobierno, hizo unos disparos y luego huyó hasta que se le terminó el combustible. El hecho era grave porque abría un debate en el seno de las fuerzas armadas y en el plano político algunos hablaban de decretar el estado de emergencia.
Mientras eso se comentaba en los corrillos del Congreso Nacional, un grupo de parlamentarios demócrata cristianos sostuvo que no lo aprobarían si el Presidente de la República lo solicitaba porque lo que había que hacer era que los militares entraran al gobierno y ocuparan los ministerios clave e, incluso, los mandos medios.
Diálogo Allende Aylwin
La situación política estaba llegando a un grado más que preocupante, el planteamiento de ese sector demócrata cristiano implicaba un golpe de Estado como el que se había dado en Uruguay contra Bordaberry.
El hecho de que él lo hubiera aceptado y continuara ostentándose como presidente no modificaba las circunstancias. Allí había un régimen militar y dictatorial,
con un presidente civil sin poder, que permitió que se cometieran los crímenes que hasta hoy se investigan.
A mediados de julio de 1973, la Central Única de Trabajadores de Chile, CUT, celebró una reunión a la que asistieron representantes de la Federación Sindical Mundial y a la que invitaron al Presidente Allende.
En esa oportunidad el mandatario pronunció un discurso en el que analizó la situación que vivía el país y formuló un nuevo llamado a la Democracia Cristiana para que se sumara a las tareas de beneficio popular.
No era la primera vez que lo hacía, lo hizo desde un comienzo, considerando las coincidencias que tenían cuando ambos sectores eran opositores a los gobiernos conservadores. Pero en esta oportunidad, los múltiples problemas hicieron que por segundos se le quebrara la voz.
Terminado el discurso, Aylwin, que lo escuchaba en la radio, dijo “negativo” y los senadores de su partido que se consideraban presidenciables se aprestaban a hacer declaraciones, pero el mismo Aylwin se los impidió.
Al conocer ese detalle, esa moche le envié copia del discurso a él y a otros personeros de su partido y al día siguiente en la mañana le conté lo sucedido al presidente Allende, quien me indicó:”Llama a Aylwin, dile que lo invito a un diálogo de cara al pueblo”.
Ya los rectores de las universidades, habían formulado una declaración sobre la necesidad de que se abriera un diálogo sin condiciones y el propio Aylwin había dicho estar de acuerdo.
Lo llamé, le dije que el Presidente lo invitaba a un diálogo de cara al pueblo, sin condiciones. Me respondió “Dígale al Presidente que me gusta mucho el camino que ha seguido y que voy a estar a la altura de lo que él espera”.
Poco después recibí un llamado telefónico del senador Fuentealba, para decirme que a Aylwin no le había quedado claro el día y proponía otro, pero el presidente ya tenía un compromiso y me encargó que escribiera la carta-invitación para la fecha ya indicada.
En la tarde Aylwin informó de este diálogo en un acto que se realizaba en la sede de su partido y dio instrucciones para que las autoridades provinciales de esa colectividad no se pronunciaran sobre el tema.
Eduardo Frei no estuvo de acuerdo y tras un áspero intercambio se fue. Los funcionarios le preguntaron a Aylwin si mandaban la circular y les respondió “el presidente del partido soy yo”.
El diálogo estaba fijado para la mañana del 30 de julio, pero en la madrugada del día 27 hubo una provocación frente a la casa del Edecán Naval del Presidente y cuando el comandante Arturo Araya se asomó al balcón lo mataron, con un disparo que tenía una trayectoria bien estudiada.
El diálogo estuvo a punto de fracasar porque el Secretario General del Partido Socialista culpó del hecho a la Democracia Cristiana, a Frei y otros dirigentes. Éstos se reunieron en el Círculo Español al mediodía y acordaron que visitarían el salón de La Moneda donde se velaban los restos del edecán, pero no le darían el pésame al Presidente.
Una vez que se lo informé, el Presidente me pidió que se lo transmitiera al ministro del Interior Carlos Briones, para que los esperara allí y luego salieran hacia una sala en la que él los saludaría. El conflicto se superó.
Finalmente, el día 30 de julio se realizó el diálogo. Aylwyn llegó con el vicepresidente de su partido Osvaldo Holguín y a Allende lo acompañaba el ministro de Relaciones Exteriores Clodomiro Almeyda.
No hubo acuerdo, Aylwin puso las condiciones que me habían anticipado personeros de su partido y de las que estaba en conocimiento el Presidente. Posteriormente el dirigente demócrata cristiano entregó una declaración pública.
Integrantes del sector demócrata cristiano partidario de buscar un entendimiento me pidieron entrevistarse con Allende.
Fuimos a la residencia oficial del presidente un día por la tarde. Los presenté y me despedí, pero el presidente me pidió que me quedara y dio un relato completo de lo sucedido.
Lo primero que había planteado Aylwin, como se esperaba que lo hiciera, fue que los militares debían entrar al gobierno. Allende lo interrumpió diciendo que los militares iban a entrar al gobierno porque él ya lo había decidido y le recordó que sólo el presidente de la república tenía la facultad de designar a los ministros.
Respecto a las diferencias en torno a proyectos de ley y a reformas constitucionales pendientes, no hubo acuerdo porque la directiva demócrata cristiana no aceptaba que se designara una comisión integrada por los dos sectores, que propusiera una salida.
Cuando dejamos la casa del Presidente, el personero demócrata cristiano me dijo que Aylwin no había informado a su partido que los militares entrarían al gobierno por decisión presidencial.
Al día siguiente la directiva demócrata cristiana daba por cancelado el diálogo.
– Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.
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