Chile. Marcha 28 de julio por el fin del lucro en la Educación. Yo marcho el 28…

por Verónica Alejandra Lizana Muñoz / Kaos en la Red

Yo marcho el 28… porque soy profesora, y no estar con nuestros/as estudiantes, es una contradicción pedagógica…

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra. -Pero ¿cuál es la piedra que sostiene el puente? –pregunta Kublai Jan. -El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla –responde Marco-, sino por la línea del arco que ellas forman. Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade: -¿Por qué me hablas de las piedras? Lo único que me importa es el arco. Polo responde: -Sin piedras no hay arco-.” (Italo Calvino. Las ciudades invisibles. 1990: 133)

Yo marcho el 28… porque según la Constitución Política (1980), el Derecho a la Educación es responsabilidad exclusiva de los padres, madres y apoderados/as, quienes deben escoger el establecimiento educacional para sus hijos/as, a partir de los bienes materiales y simbólicos que posean… Así que, la responsabilidad de educar a la futura generación de ciudadanos/as chilenos/as recae en el capital cultural, social y económico de los/las progenitores/as. Quienes compran o consumen los servicios y productos educacionales, según el poder adquisitivo del grupo familiar… Por lo tanto, el Derecho a la Educación pertenece al orden de las obligaciones individuales y/o deberes familiares, donde el Estado no tiene injerencia, ni participación en éste.

Yo marcho el 28… porque la Constitución Política (1980), garantiza la libertad de enseñanza y la gestión empresarial, en función de abrir, organizar y mantener instituciones educativas. “Una libertad que no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional…”. Entonces, la Educación como cualquier sector económico responde a las fluctuaciones (ofertas y demandas) del mercado; y a las operaciones comerciales y/o financieras de los inversionistas privados. Quienes emplean e incrementan su capital a través de un negocio o actividad lucrativa. A fin de obtener ganancias, utilidades o intereses mediante la venta, compra o permuta de servicios y productos educacionales, cuya calidad y equidad depende de la “riqueza socio-económica” individual y/o familiar de los/las consumidores/as.

Yo marcho el 28… porque según la Constitución Política (1980), las prácticas pedagógicas oficialmente reconocidas por el Estado de Chile, “no pueden orientarse a propagar tendencia político-partidista alguna…”. Si bien, existe libertad para lucrar con la Educación, no hay libertad de cátedra. Es decir, la docencia, investigación y extensión se conciben como actividades apolíticas, asépticas y neutrales. Por lo que las instituciones educativas deben propiciar un ambiente “libre de contaminaciones ideológicas u opiniones políticas”, ya que éstas constituyen un agravio para la seguridad nacional, y sus imperativos morales y económicos. Por consiguiente, la responsabilidad de educar a la futura generación de ciudadanos/as chilenos/as se encuentra condicionada o amordazada por “las leyes y reglas del mercado”, cuya libertad de enseñanza de inspiración neoliberal, reduce drásticamente las inversiones estatales en la Educación Pública. En cambio, incentiva la privatización de los servicios y productos educacionales, garantizando la liberalización de sus actividades económicas, y la (des)regulación de sus regímenes de propiedad y seguridad.

Yo marcho el 28… porque la Constitución Política (1980) sepultó el “Estado Educador, Benefactor o de Compromiso”, que durante el siglo XX desarrolló, fortaleció y legitimó, a lo largo de todo Chile, un sistema público de escuelas primarias, secundarias e instituciones formadoras de docentes. Esta Constitución transformó el rol del Estado mediante un conjunto de políticas subsidiarias, e instaló un régimen económico fundado en el predominio del capital. Por lo que segmenta el Sistema Nacional de Educación, según la concentración o disminución de los bienes materiales y simbólicos de cada sector social.

Yo marcho el 28… porque la Constitución Política (1980) constituye una herencia obsoleta y retrógrada de la Dictadura Militar. Una camisa de fuerza, que mantiene bajo control nuestro espíritu democrático; e inmoviliza nuestros compromisos con la equidad de clase, género y etnia. De modo que es urgente implementar una Asamblea Constituyente, cuyas instancias representativas y pluralistas permitan un dialogo adulto y responsable ante nuestros derechos constitucionales y deberes ciudadanos.

Yo marcho el 28… porque soy profesora, y no estar con nuestros/as estudiantes, es una contradicción pedagógica…

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