Del 68 al 2012

Alfredo Sánchez

ElInformador.- Sospecho que para quienes tenemos cierta edad es inevitable en estos días olímpicos remitirnos a lo ocurrido hace más de cuarenta años. México era sede de los Juegos Olímpicos pero también se convulsionaba con la revuelta estudiantil reprimida ferozmente por el gobierno diazordacista.

En 1968 yo estudiaba la primaria en el Distrito Federal y esperaba con ansias y emoción la celebración olímpica, pero también miraba con temor lo que sucedía en las calles.  En la casa se hablaba del conflicto en voz baja, pero era inevitable leer la primera plana de los periódicos y las leyendas pintarrajeadas en los camiones urbanos: “Prensa vendida”, “Díaz Ordaz, asesino”, “Luis Cueto criminal”. En la prensa –casi toda gobiernista- y en los escasos noticiarios de televisión se hablaba de una “conjura comunista” que pretendía boicotear  la gran celebración olímpica. El aire se podía cortar en rebanadas. Por todas partes aparecían las formidables imágenes diseñadas por Lance Wyman simbolizando cada una de las competencias y el 12 de octubre se inauguró las XIX Olimpiada sin importar que apenas diez días antes las calles de la capital se hubieran pintado de sangre.

Comparada con Barcelona, Pekín o Londres, la inauguración de México 68 fue más bien modesta. Se soltaron 40 mil globos de gas, 10 mil palomas blancas fueron liberadas en el estadio de Ciudad Universitaria y la corredora Queta Basilio –por primera vez una mujer- encendió como último relevo el pebetero.

Durante aquellos diez días olímpicos el Consejo Nacional de Huelga ofreció –y cumplió- que no habría manifestaciones ni disturbios durante los juegos. La televisión nos permitió ver al Sargento José Pedraza haciendo rabietas por haberse quedado nada más con la medalla de plata en caminata, a Jim Hines que corrió por primera vez los 100 metros en menos de 10 segundos,  a los norteamericanos Tommy Smith y John Carlos levantar el puño enguantado, reivindicando en el podio al Black Power –por cierto con terribles consecuencias para ambos a causa del revanchismo de los gringos blancos-, a las mexicanas Pilar Roldán –plata en esgrima- y  María Teresa Ramírez –bronce en natación-,  a la maravillosa gimnasta checa Vera Caslavska y al prodigioso saltador Dick Fosbury brincando –también por vez primera- de espaldas.

Sin embargo ninguna de esas proezas pudo evitar que fuera el 2 de octubre  -que no se olvida- la fecha que quedó grabada en el imaginario colectivo. También dicen que fue la fecha en la que comenzó nuestro larguísimo, inconcluso y muy accidentado viaje hacia la democracia.

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