Guatemala: Usufructo, un reto al sindicalismo

Los intereses del  pueblo.

Miguel Ángel Albizures

El Periódico.- Es el momento en que el movimiento sindical debe demostrar que su lucha no es solo por sus intereses, sino por los intereses del pueblo cuando estos se ven afectados por el entreguismo y corrupción de los gobernantes. No se trata de seguir viendo el derecho de su nariz, sino de ponerse al frente de las luchas del pueblo para impedir que se siga concesionando a las transnacionales los recursos que pertenecen al pueblo. No es el momento de ver si el usufructo y regalo que ha hecho el gobierno de Otto Pérez a los empresarios españoles, afecta o puede afectar los intereses de los trabajadores sindicalizados o no, sino de oponerse rotundamente con acciones legales y de hecho a que este lesivo contrato se concrete, pues representa un paso a la total privatización de ese puerto que, en poder del Estado, ha generado y podría generar más recursos económicos para atender los programas sociales y combatir el hambre que sufre un alto porcentaje de la población.

Es el momento en que los sindicatos existentes en la portuaria superen sus diferencias y unificados busquen el apoyo de las organizaciones sindicales del país y del departamento de Escuintla, para exigir de los alcaldes y concejos municipales de sus trece municipios, que tengan un poco de vergüenza, que rechacen cualquier tipo de ofrecimiento y se unan a la lucha en defensa de los intereses de la nación y del pueblo. Diversos sectores sociales han manifestado su rechazo al negocio que se ha hecho del Puerto Quetzal y se está exigiendo al Gobierno rescindir del convenio, y eso es lo menos que deben hacer los sindicalistas sino quieren que pese sobre sus espaldas haber agachado la cabeza y aceptar la explotación de una empresa extranjera.  Es de reconocer las primeras acciones de presión que han realizado, pero no se necesitan plazos para estudiar un contrato nada transparente, realizado en secreto, con alevosía y ventaja, porque de plano sabían que iba provocar el rechazo de quienes consideran que los planes de Gobierno deben contemplar la recuperación de otras empresas estatales privatizadas y no la entrega de lo poco rentable que le queda al Estado. Ante un pueblo que deja pasar y deja hacer, el reto lo tienen planteado los sindicalistas para torcerle el brazo al Gobierno. Cualquier promesa de respeto a derechos adquiridos o de mejora de las condiciones de trabajo, será como las promesas de campaña que se las cumplen a quienes la financiaron, pero no al pueblo que les da el voto para gobernar.

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