Demandas que siguen en el olvido

A juzgar por los acontecimientos de los últimos días, los tristes episodios de bloqueos y protestas violentas parecen estar de regreso, y puede que algunos encuentren suficientes motivaciones como para prolongarse más de lo deseable, como es el caso de las modificaciones a la carrera magisterial. Hay otros, en cambio que surgen de manera más espontánea, como las más recientes manifestaciones de los sindicalistas en la ciudad y en las instalaciones de la Empresa Portuaria Quetzal.

EDITORIAL

Prensa Libre.- Sin embargo, las expresiones de descontento que más incomodidad causaron a miles de guatemaltecos fueron los cierres efectuados por campesinos en varias carreteras, los cuales obligaron a la movilización de las fuerzas de seguridad y dejaron millonarias pérdidas económicas para el país. Muchas demandas se enmarcaban en el respeto a las comunidades, principalmente aquellas que plantean un fuerte rechazo a la minería y exigen frenar las concesiones y paralelamente a ello se suma el respeto a la naturaleza.

Es cierto que son las exigencias que históricamente no han sido debidamente atendidas por las sucesivas administraciones, pero hay otras que son incluso más antiguas y ocurren en otros escenarios, como las de los representantes de diversas etnias guatemaltecas quienes en el marco de la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas efectuaron ceremonias con un llamado a que se respeten sus derechos y se termine con el daño ambiental en sus regiones.

La explotación de los recursos naturales y otras concesiones que a veces otorgan los gobiernos constituyen para varias regiones indígenas una muestra de la poca participación que se les concede, y a ello también se debe que en el país existan al menos 250 conflictos, principalmente porque en varios lugares hay una férrea oposición al uso no consensuado de la riqueza natural, algo que también se da porque algunos proyectos no son adecuadamente informados a las comunidades.

Hasta ahora ninguna administración se ha caracterizado por mantener satisfactorias relaciones con las comunidades indígenas, y a ello se suma la imprudencia en el desarrollo de proyectos vitales para algunas regiones, al extremo de que en algunos casos son obras necesarias que terminan limitando posibilidades de desarrollo para los poblados, pero también de inversión, porque se insiste en la imposición y no en la búsqueda de consensos con quienes encuentran en la naturaleza la razón de su propia existencia.

La semana cierra con las imágenes de distintas manifestaciones reivindicativas y con la posibilidad de que cada sector tenga algo de razón. Lo cierto es que en la medida en que se atiendan oportunamente esos focos de desasosiego se pueden desactivar los motivos de insatisfacción, pero en el caso de los pueblos indígenas vale la pena resaltar que estos son de los grupos más marginados y menos atendidos. No debiera esperarse que transcurra más tiempo sin que se establezcan líneas de comunicación con sus representantes, a fin de superar parte de esa histórica percepción de que los gobernantes nunca resuelven la problemática.

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