Las guerras por la vida en Chihuahua: el agua

Lucio Rivera

Parte I: Sobre la autogestión del agua.

Proyecto Ambulante Oaxaca.- Chihuahua ha sido una de las regiones que más dolor ha acumulado en media década de “Guerra contra el pueblo” que se recrudeció a partir de las políticas de militarización y para-militarización impulsadas por todos los órdenes del gobierno “mexicano”, con “apoyo” total por parte del imperialismo. En relación directa, ha sido también un centro para la acumulación de capital, que se basa en una cada vez mayor penetración del imperialismo en el control de la economía, que expande sus actividades destructivas principalmente en el ramo de la “extracción”: el más vil saqueo de los recursos naturales que pertenecen a los pueblos. Estas dos contradicciones: la guerra contra el pueblo, la guerra de despojo, son aspectos que han cambiado de forma sustancial la vida y las relaciones sociales de la región, y que constituyen a su vez, contradicciones principales en el ámbito nacional.

Sin embargo, pese a ser dos contradicciones que constituyen una unidad y forman parte de un mismo proceso, aparecen separadas de forma ilusoria, como procesos “autónomos” y hasta incontrolables, no obstante que ambos fenómenos surjan y hagan referencia directa a la crisis del capitalismo, en sus expresiones económicas (la crisis financiera mundial y de acumulación capitalista) y políticas (la crisis del imperialismo, y de hegemonía del estado mexicano). La crisis del estado-capital aparece como ilusoria, ahí donde los aspectos económicos y políticos parecen separarse en dos esferas autónomas, es decir, ahí donde ilusoriamente “no existe” la lucha de clases, la contradicción entre el trabajo y el capital, el trabajo vivo y el trabajo muerto. El despojo violento de los bienes comunes (bienes de la naturaleza, del trabajo, del conocimiento) y la violencia contrainsurgente, por tanto, son dos momentos distintos de la misma lucha de clases.

En la región de Chihuahua, como en otras regiones del mundo entero, las contradicciones de la lucha de clases se agudizan de tal modo que la vida misma de millones de personas pertenecientes a las clases oprimidas y explotadas se ve en peligro. Tanto por la devastación ambiental que ocasiona la producción/destrucción capitalista, como por la violencia estatal-imperialista. Pese a la fuerza de la agresión, desde los pueblos han empezado a surgir expresiones de resistencia, que aunque se encuentren atravesadas por todo tipo de limitaciones y contradicciones, construyen trincheras, frenan relativamente los golpes, avanzan relativamente en victorias, y desarrollan, poco a poco, formas de política autónoma. Para contribuir a ese proceso de avance en la autonomía y a una perspectiva clasista, es decir, anticapitalista, desde abajo, son estas líneas, y para, con todo el respeto que merecen, interpretar los dignos movimientos en defensa de la vida, en este contexto.

En defensa del agua

Recuerdo del murmullo del Río

El movimiento general de la economía capitalista es la transformación del mundo entero, de las relaciones humanas y naturales, a imagen y semejanza de la mercancía y el capital, es decir, la imposición de organizaciones sociales que acumulan y separan el producto del trabajo de la sociedad, y lo enajenan convirtiéndolo en trabajo muerto, en función de la dominación política (policial) y la constante acumulación y ganancia capitalista. Desde la conquista de América, la muerte, impulsada por el despojo colonizador, fue ocupando cada vez más el control de nuestros bienes comunes, de nuestro tiempo, de nuestro espacio. Siempre, surgieron resistencias en defensa de la vida, repercutiendo muchas veces en el conjunto de la sociedad: luchas por la tierra y en defensa de la naturaleza, por el espacio urbano (viviendas), por el tiempo de trabajo (salario), sostenidas por diversos sectores y clases. Sin embargo, existe un “bien común” (recurso al que tenemos derecho todos) que es condición indispensable para la vida, y que todo proceso de imposición y resistencia afecta de forma directa o indirecta: el agua.

Los inicios de las guerras del agua los encontramos en Chihuahua durante los inicios de la invasión colonial, principalmente por tres actividades fundamentales para la economía mercantil: la extracción minera, el avance de la urbanización y la producción agrícola del monocultivo y el latifundio. Con el proceso de penetración del capital imperialista, la colonización avanzó a su fase neoliberal, llevando la sobre-explotación y acumulación del agua, a niveles mortales para gran parte de las clases oprimidas. La gran sequía, considerada como la peor de la historia del país, producto de la gran devastación ambiental, es una expresión de la crisis que se vive en la región. Sin embargo, no debemos creer que con nuevos ciclos de lluvia la situación se va a solucionar. La raíz del problema se encuentra en la colonización imperialista, cuyos ejes siguen siendo los solidos pilares de la dependencia: la mega-minería y la extracción, la urbanización y la industrialización, y la producción capitalista agrícola, agroindustrial y ganadera.

Breve Historia “semi-cíclica” de Chihuahua, S. XIX – 2011

Chihuahua es un estado fronterizo que cuenta con una variedad geográfica y de ecosistemas; La Sierra Madre Occidental, el desierto, la altiplanicie, el valle, y decenas de ríos, cerros, montañas… Todo esto es actualmente, como lo fue en un inicio, visto por los hombres de conquista como un inmenso botín: los primeros objetivos estratégicos en esta región fueron la dominación y el exterminio de las naciones indígenas resistentes, para la consolidación de la extracción minera en la gran sierra tarahumara, y el acaparamiento de tierras en todo el estado, para las haciendas y latifundios de la clase dominante, que introdujo la ganadería extensiva como mono-producción. Cuando las últimas naciones indígenas insurgentes (los apaches y comanches) fueron finalmente derrotado y expulsados, en las últimas décadas del siglo XIX, el avance colonizador, ya plenamente integrado al naciente imperialismo, orilla a los pueblos despojados, a alzarse numerosas veces. Estos alzamientos culminarían con la revolución de 1910, que sacudiría los pilares del capitalismo dependiente mexicano por unos años.

Luego de que las haciendas expropiadas por el gobierno revolucionario de Pancho Villa en Chihuahua fueran puestas a funcionar nuevamente por viejos y nuevos latifundistas, la composición de la economía había cambiado y nuevas contradicciones empezaron a latir. Los latifundios plenamente integrados al capitalismo y al mercado extranjero, experimentaron un crecimiento en la producción ganadera, así como el incremento en “mono-cultivos” de “moda” que el imperialismo exigía, como el algodón. La competencia capitalista entre latifundistas impulsó nuevos despojos de tierra. Por otro lado, las cúpulas de la oligarquía local, con sus ramas comerciales, industriales y financieras, se ocuparon de una extracción intensiva y extensiva de madera de los “bosques de Chihuahua”(1946-1972), en profunda colusión con el conjunto del estado mexicano.

Las clases oprimidas se vieron marginadas de la distribución de la riqueza. Muchas minas simplemente habían cerrado, dejando a los pobladores de aquellos pueblos, obligados a buscar nuevas formas para subsistir. La reforma agraria que tanto pregonaba el gobierno “post-revolucionario”, no se veía llegar a esas tierras. Miles de campesinos, ejidos y comunidades reclamaban tierra. La lucha fue ardua, y hubo distintas victorias, que eran contestadas con un nuevo avance del control de las clases dominantes. Con la migración a las ciudades, estas se consolidan, se canalizan ríos, se hacen obras para el control de las aguas, como las presas y el drenaje. Se abren zonas de riego, y aparecen nuevas colonias humanas. Antes incluso del auge de esta etapa, llega la comunidad menonita, (1922) a poblar una región entre la sierra y el altiplano, en el norte y noroeste del estado. ¿Qué es tierra sin agua?

Las contradicciones en el campo se empezaron a agudizar, y se desataron grandes luchas campesinas, estudiantiles, magisteriales y populares que levantaron exigencias de justicia social. Las tomas de tierra se hacen masivas. La represión policiaco-(para)militar es la respuesta del estado, por lo que durante este período surge el primer grupo guerrillero socialista, comandado por Arturo Gámiz y Pablo Gómez (1965). Esta lucha, pese a haber sido derrotada militarmente, a la larga traería la expropiación de distintos latifundios. Sin embargo, la acumulación capitalista se transformó con la creciente industrialización y urbanización en los principales centros de población de Chihuahua. La erosión del campo y del trabajo campesino ocasionó la creciente proletarización y la formación de una clase urbana popular, en un contexto de implementación de las industrias maquiladoras (1965, la primera maquila) de exportación y de crecimiento de distintas industrias propiedad de la oligarquía (Aceros, transportes, centros de distribución, etcétera, etc.). En esta sociedad en transición surgieron importantes movimientos de masas, autónomas y autogestivos (1972, surge el Comité de Defensa Popular), que ocuparon grandes terrenos para la construcción de viviendas, y lucharon por la mejora en las condiciones y derechos de los trabajadores.

Estas transformaciones, así como las derrotas de los intentos del pueblo organizado por cambiar las cosas, sentaron las bases para el posterior desarrollo del capitalismo (1982-2008), en el cual hemos alcanzado la culminación de su fase neoliberal. Las organización capitalista de la economía, tanto en la ciudad como el campo, ha acumulado y dominado el agua y, por tanto, provocando su escasez, con la construcción de más presas, canalización, zonas de riego y obras que benefician únicamente a la minoría y en las ciudades terminan en el derroche y desperdicio sistemático, con la construcción de grandes áreas verdes en las colonias y “feudos” burgueses (como campos de golf, jardines ostentosos, parques “nice”) y la proliferación de flora exótica, que se conserva de forma irracional, con el exterminio de la flora nativa y endémica (considerada “yerba mala”). Todo esto, junto con el crecimiento de la industria maquiladora de exportación (en reemplazo a la vieja industria “nacional”) y de la industria de servicios (restaurantes, hoteles, centros de distribución), que desperdicia y contamina una gran cantidad de agua, le deja al proletariado urbano una escasa porción de agua, un par de horas al día, que es disputada por las capaz más altas a través de métodos de acumulación de agua en las viviendas.

Las aguas de Chihuahua hoy

Chihuahua (junto con Sonora y Sinaloa) se encuentra en la región más seca del país, y del mismo modo, está entre los tres estados que más agua tienen concesionada (Sonora y Sinaloa). Tan solo en Chihuahua se utiliza el 6.4% del agua que se consume en todo el país. De este 6.4% el 89.2% está destinado a las actividades rurales, principalmente de la producción agrícola, la ganadería, la minería, etcétera, etc. Para la producción urbana, industrial y de consumo proletario, solamente se utiliza el 9.2% del total del agua, con una cobertura del 93.1% de los tres millones y medio de habitantes, dejando a los ciudadanos con una cantidad de metros cúbicos de agua por habitante por año mucho menor a la nacional mientras que1 contradictoriamente el consumo de agua en las ciudades es excesivo en comparación con la media mundial y nacional de consumo de agua por habitante. El resultado es la acumulación del agua en función de la escasez, de la sobre-explotación y de la muerte de la naturaleza y el trabajo muerto: como el agua que desecha la industria capitalista, o la que viaja en el drenaje. Coincide que en las principales ciudades del estado (Chihuahua y Juárez), donde la producción industrial es mayor, el promedio de desperdicio de agua es de 54% y de 35% respectivamente.2

La urbanización sigue avanzando, con grandes mega-obras y proyectos que impulsan el crecimiento de las ciudades a través del fraccionamiento, y la destrucción de los cerros, a pesar de que la población no haya experimentado un crecimiento importante debido a la guerra contra el pueblo. Dicen los más ingenuos que este crecimiento urbano “reactivará la economía”, mientras en grandes zonas de las ciudades permanecen inmuebles (casas, bodegas, fábricas, negocios, etcétera, etc.) de todo tipo y de todo tamaño cerrados y vacíos. A partir de estas contradicciones, en las ciudades se dan todo tipo de desastres “naturales”, como la sequía y las altas temperaturas, las heladas y la falla en los servicios públicos (como el agua, el gas y la luz), y las “inundaciones” en diversas zonas del estado, incluyendo partes de las ciudades ocasionadas por la forma caótica de la urbanización capitalista.

En los últimos años, la mega-minería ha avanzado de forma arrolladora; esta industria, que envenena millones de litros de agua diarios en procesos de extracción de los metales preciosos con cianuro, acapara gran parte del territorio estatal en especial en la sierra, donde 2.7 millones de hectáreas han sido concesionadas a 109 proyectos mineros, lo que equivale al once por ciento (11%) del territorio de Chihuahua y al 10.7 por ciento del total de las concesiones en el país. Ocasionando una destrucción masiva de la sierra, las minas a cielo abierto, con el despojo masivo de agua, que envenena los ríos, acuíferos y manantiales, requiere la tala de cientos de miles de árboles y el despojo de la tierra de comunidades y campesinos, lo que hace más grave el problema de la sequía. Mientras, las empresas transnacionales, principalmente de Canadá generan obscenas ganancias: Del 2002 al 2010, las ganancias aumentaron de 207 millones de dólares a a 3 mil 133 en 2010 (Diario de Chihuahua, 26 de julio de 2011), capital que aparece en la tierra cubierto de agua con cianuro.

Para Chihuahua, las actividades agrícolas, agroindustriales y ganaderas representan el 46% de su PIB. Chihuahua fue en 2007, el quinto estado con más hectáreas irrigadas (más de 400 mil) y el tercer estado en producción agrícola, en gran medida por la producción agroindustrial3. Cuenta con 17,000 pozos legales para el uso agrícola. La ganadería, que sigue acaparando grandes latifundios, dentro de los cuales se encuentran zonas de irrigación, se ha modernizado integrándose a la agroindustria y convirtiéndose en una actividad predominante de la región, a la vez que una de las actividades que más agua consume, pues para producir un kilogramo de carne se requiere en promedio 13,500 litros de agua, mientras que para un kilogramo de trigo solamente se necesitan 1000 litros4; la ganadería también ha devastado el ecosistema chihuahuense, pues deja la tierra inservible. La sequía ha hecho que se reduzca la producción de carne, sin embargo, no lo suficiente como para que deje de ser una amenaza a la naturaleza y la disponibilidad de agua.

Los cultivos industriales de hortalizas, frutas, verduras, cereales y demás, ocupan de cada vez más tierra y agua, sobre-explotando el agua del desierto y arriesgando la sustentabilidad del suelo. Muchos de estos cultivos como la manzana, la sandía y el melón, requieren de riego intensivo Gran parte del conjunto de la producción agro-industrial tiene como fin la exportación, y toda en su conjunto está sometida a la lógica del mercado imperialista. Esta lógica empuja a la pauperización de grandes capas de campesinos medios, pobres y rancheros, así como comunidades indígenas y colonias. La salida para ciertas capas más altas del campesinado es ampliar su producción, ya sea en intensidad o en extensión, o desaparecer. Esta lógica entonces empieza a entrar en contradicciones, y con el avance de la acumulación de tierra y agua, la tensión aumenta y empiezan a aparecer las crisis. La apertura de nuevas tierras de cultivo en zonas ilegales para sustancias ilegales, fue muchas veces precedido por los incendios forestales. Pero no siempre los cultivos son ilegales.

Las primeras chispas de una pradera que clama por agua

Desde hace más de una década, la expansión de las tierras de riego por parte de grupos medianos de empresarios principalmente menonitas en la zona serrana de Riva Palacios al noroeste del estado, a costa de las aguas del Río del carmen, a través de la construcción de pozos y obras ilegales de retención de agua, ha dejado sin agua a los pueblos río abajo en la cuenca hidrológica del Río del carmen, donde pobladores de Namiquipa, junto con mil 315 productores de seis comunidades del municipio de Buenaventura, además de mil 854 productores de 22 comunidades del municipio de Ahumada los que son afectados por esta sobre-explotación del agua5. Son los productores que cuentan con la concesión legal de aprovechamiento de esas aguas desde la primera mitad del siglo XX. Ellos describen su importancia en la economía del estado:

En esta región del estado producimos nuez, chile, algodón, alfalfa, leche y ganado de carne principalmente, generamos un número importante de jornales, para nuestras familias y para miles de trabajadores temporales migrantes de otras regiones del país que cada año vienen a trabajar en la cosecha de chile y en la recolección de la nuez, abastecemos de alfalfa a la agroindustria lechera del estado y de la región lagunera.”6

Como la comunidad de la cuenca del río del carmen, en Chihuahua y en la región del norte y noroeste se vive una situación de sobre-explotación intensa. En el país 101 acuíferos sobreexplotados, de los cuales 14 corresponden a Chihuahua, entre ellos:Ascensión, Baja Babícora, Buenaventura, Cuauhtémoc, Casas Grandes, El Sauz Encinillas, Flores Magón-Villa Ahumada, Chihuahua-Sacramento, situados en esta región7. La exigencia de los productores movilizados, que abarcan distintos sectores de clase y organizaciones como la Confederación Nacional Campesina (CNC), el Barzón, la Unión Campesina Democrática, la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, entre otras, es cambiar la correlación de fuerzas en el campo, y así empezar a rescatar el campo. Se le exige al estado (Congreso, Conagua, Profepa, Semarnat, Sagarpa y CFE) actuar para detener la acumulación ilegal de agua, destruir las obras como pozos y presas, decomisar la maquinaria de construcción y perforación y re-direccionar subsidios, que son acaparados también por la agroindustria, para palear y detener la situación de sobre-explotación de agua y el desgaste de los acuíferos.

Como ellos mencionan:

Es necesario aclarar que no estamos en contra de la comunidad menonita sino en contra de aquellos miembros de ese grupo que han violentado las leyes nacionales y explotan de manera ilegal el agua afectando a los que cuentan con derechos legales para el uso del agua, no nos oponemos al desarrollo del campo solo que este debe planearse a partir del uso sustentable de los recursos naturales.”8

Los primeros conflictos que estallan abiertamente por el agua, tampoco parten de la nada. En los años recientes, campesinos de distintos sectores, y agrupados en distintas organizaciones, emprendieron una lucha para arrancar un subsidio al gobierno debido a la situación de sequía. La lucha consistió en plantones, marchas e incluso una caravana que unió a campesinos de distintos estados de la república y culminó en el Distrito Federal, para exigir medidas contra la crisis ambiental del norte de México. De nuevo, los productores en defensa del agua han empleado tácticas y métodos semejantes, como el levantamiento de plumas en las casetas de la región, para presionar al gobierno en una solución a sus demandas. El gobierno se ha mostrado impotente y con poca voluntad política, mientras que los menonitas han presionado al gobierno también. La problemática pone en peligro al pueblo y a la naturaleza, y las soluciones desde el estado han probado no ser efectivas, mientras que las tensiones aumentan, aunque haya lluvias tardías.

Como vemos, las raíces de las guerras por el agua se encuentran en el centro del proceso de dominación capitalista en los ámbitos económicos y políticos concretos: la industrialización dependiente urbana y agraria, la extracción salvaje de recursos económicos vitales para la reproducción capitalista, la urbanización salvaje de las ciudades y la producción agraria dependiente (como la ganadería y en última instancia, los transgénicos, que abundan en la región), son estos procesos, que atraviesan a las clases de la sociedad chihuahuense, los que deben de ser resueltos para solucionar el conflicto del agua. Los campesinos y productores en defensa del agua, un grupo heterogéneo, como han sido los grupos campesinos desde que la crisis los obligó a movilizarse juntos, han empezado a luchar por la solución al conflicto del agua, debido a que en su región, la escasez llegó a un punto inaudito, que tomaron acciones con impulsos de autonomía e intereses democráticos y populares.

Escasez y autogestión

Cuando hacemos referencia a la escasez, no hablamos necesariamente de una “escasez absoluta”, sino de la “dificultad” que es inherente a las relaciones sociales, en este caso capitalistas, para el acceso a tal o cual recurso necesario, en este caso el recurso más absolutamente vital: el agua. Por lo tanto, aunque la lluvia llenara las presas, la escasez persistiría, porque se relaciona más directamente a las lógicas de acumulación capitalista que a las de la disponibilidad de la naturaleza. Y para eso existen métodos de succión imperialista tan descarados como el tratado de aguas de 1944, que establece un tributo colonial de agua a Chihuahua, que ha venido acumulando deuda de agua (¡!) debido a la sequía. En el “mejor de los casos” para los capitalistas, una interrupción de la sequía solo alargaría la vida de la producción capitalista, que le permitirían alcanzar grados más altos de destrucción ambiental, y por consiguiente, desastres “naturales” tan inherentes al capitalismo como la crisis.

La solución, en este contexto, de conflictos que no abarcan la totalidad de la contradicción, es decir, que no movilizan al conjunto de las clases que sufren de la escasez (las clases oprimidas) y que permanecen en una región o un sector social, como el de los campesinos en defensa del desierto, resulta una tarea difícil, pero posible con la organización y la lucha decidida de los productores, que plantee la solución de sus demandas a través de la autogestión y la acción independiente junto con otros sectores organizados y movilizados, ya que el estado es incapaz de solucionar este problema. Como decíamos, son las relaciones sociales que sustentan el derramamiento de agua las que tenemos que transformar para solucionar la escasez. Esto solo es posible a través de la participación organizada de los pueblos que sufren de la escasez, es decir, del proletariado y el campesinado, en la autogestión democrática del agua.

Y para que el pueblo tuviera el control efectivo y democrático del agua, habría que tener también el efectivo y democrático control de la industria y la agroindustria, la minería, la urbanización y la tierra, pues sería absolutamente necesario transformar tales instituciones, y si es necesario, abolirlas. Somos, la clase de abajo, la de la escasez, la oprimida y explotada, el proletariado, que trabaja en el campo, la ciudad, las calles, la sierra, las aulas, la fábrica, la casa, las carreteras, los pueblos, todas y todos los que debemos decidir sobre el bien común del que depende nuestra vida: el agua. Pero esto no tendría sentido si no fuera para decidir también todos sobre toda nuestra vida; tendríamos que autogestionar el conjunto de la economía y la política. Con nuestras vidas en nuestras manos, solo así, podemos derrotar a la muerte que impone el capitalismo. No hay medias tintas, si queremos salvar lo que queda de vida en la naturaleza y en la sociedad, no podemos conservar nada de este mundo de muerte. Empezamos por el agua, por donde todo inicia.

Siendo la raza humana compuesta por tres cuartos de agua, la lucha de clases es la guerra hasta por el agua de nuestro sudor, lágrimas y saliva. La lucha por la vida que ganar a medias significa morir.

3Sagarpa, SIAP, 2008

5Proyecto Ambulante http://www.proyectoambulante.org/?p=24115 1 de agosto, 2012)

6 Comunicado de Productores Agropecuarios en defensa del agua de la cuenca del rio del Carmen

8 Comunicado de Productores Agropecuarios en defensa del agua de la cuenca del rio del Carmen

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