Algunos hechos sobre el #YoSoy132

Totua Nia

Proyecto Ambulante.- #YoSoy132 no es un movimiento democrático, mucho menos plural, amplio ni incluyente.

No comparto la idea de que este movimiento de estudiantes surgió en la Ibero, más bien, considero que lo sucedido ahí con Peña Nieto (y las posteriores declaraciones de Coldwell) fueron el catalizador que los estudiantes necesitaban para aglutinar su descontento en torno a una misma causa. El mismo impulso que los llevaría a conformarse como un grupo de oposición a EPN y al PRI los conduciría a la fragmentación, al encono y al debilitamiento.

Desde el comienzo, las características del movimiento fueron individualistas: el protagonismo y sectarismo han formado parte de sus dinámicas. Recordemos la forma en que los estudiantes de la Ibero (“algunos” si me permiten el calificativo) y el ITAM principalmente se arrojaron a los medios a dar opiniones, diagnósticos y posicionamientos a diestra y siniestra. La lógica de la farándula se impuso en ese caso.

Las universidades públicas no se quedaron atrás: la UNAM monopolizo el sistema organizativo, realizando asambleas generales y otras actividades en sus instalaciones, bajo su logística y sistema de consenso. Si bien las universidades públicas como la UAM y el IPN intentaron integrar un comité amplio y representativo, esto se vio empañado por la excesiva centralización de las decisiones: la asamblea interuniversitaria, por ejemplo, se compuso por gente que se conoció en una protesta en el IFE, y nunca por representantes o voceros elegidos localmente. Las facciones, de todos los colores ideológicos, impidieron el establecimiento de agendas comunes y, sobre todo, planes de acción concertados.

Una y otra vez hemos escuchado a los “dirigentes” del movimiento descalificar las acciones de uno u otro grupo; deslindarse de personas y avalar (o no) a otras acciones y personas. Esto lo hacen como si la asamblea general gozara de legitimidad inapelable.

En realidad la dirigencia central del movimiento, está compuesta por un reducido grupo de personas, quienes toman las decisiones y los consensos; una especie de burocracia fija y centralizada. Alrededor de éstos se encuentran los simpatizantes: quienes participan eventualmente en las marchas o asambleas, pero no activamente en la conducción política del movimiento. Después de ellos se encuentran nada más y nada menos que el grueso de los estudiantes; quienes poco tienen que ver con las acciones del movimiento o con su estructura organizativa.

Cuando el #YoSoy132 emita un comunicado, debería especificar que no es a nombre de todos los estudiantes universitarios del país (porque además las universidades del interior del país tienen escasa o nula participación), sino a nombre de un selecto grupo de activistas y sus allegados. Estos “dirigentes” dudan en integrarse como una fuerza política organizada (como un partido o sindicato) pero tampoco quieren radicalizarse: todo queda en una mediocre indefinición que hasta medios como Milenio han señalado (y hacen burla de ello).

Para que el #YoSoy132 fuera un verdadero movimiento democrático, debería realizar por lo menos consultas entre toda la comunidad universitaria. Para que fuera plural, todos los actores (universidades del interior por ejemplo) deberían tener igual importancia en las decisiones y consensos, y no sólo la Ibero, el ITAM y la UNAM. Para que fuera amplio e incluyente, debería estar realizando trabajo político de base tanto en la sociedad en general como entre los mismos estudiantes.

Todo esto suena un poco ajeno al #YoSoy132.

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