Guatemala: El terror se impone

¿Cuál fue el móvil para matar a las tres mujeres de la familia Lima?

Silvia Tejeda

El Periódico.- Descuartizar cuerpos humanos es la forma más demencial de darle muerte a un enemigo, a un rival o a otro por encargo. Aunque las fuerzas policiales admitan que el auge de la ola criminal se ha trasladado a la provincia, en la ciudad de Guatemala y sus zonas periféricas, los pobladores están muriendo también por la silenciosa modalidad del descuartizamiento. Un criminal sujeta el cuerpo, otro le tapa la boca, mientras otros demonios los descuartizan. En seguida, los participantes meten en bolsa los miembros y la tiran en un despoblado. Y si persiguen verse más crueles, matan a varias personas y las dispersan por diferentes sitios. Como cuando el año pasado aterrorizaron a los citadinos diseminando siete cadáveres por la ciudad y uno de ellos era el de una trabajadora de presidios con un récord excelente. Fue a partir de entonces cuando se expandió el macabro ritual que, en lugar de disminuir, con más frecuencia y mayor número de víctimas está sucediendo.

No existe duda que, el dinamismo del Ministerio de Gobernación no se alcanza para descubrir las tretas de todos los criminales que están retando las capacidades del presente gobierno. El encadenamiento de esa manera de matar no termina. Participar en crímenes tiene, sin duda distintos objetivos y componentes. No solamente quien lo hace padece algún tipo de locura, sino también, sabe manejar armas blancas y están motivados ya fuere por el dinero, el consumo de drogas y complacer sin regateos requerimientos de terceros que los convencen. No se trata de hechos que pueda llevar a cabo una sola persona. Esas muertes tienen también características de advertencias o de avisos con quienes los hechores tienen serias rencillas. Llámese maras, mareros, clicas, pandillas o sicarios carniceros.

¿Cuál fue el móvil para matar a las tres mujeres de la familia Lima Arseño? Darle muerte a una madre y dos hijas adolescentes que vivían en la más extrema pobreza, no pueden ser incentivadas ni por el secuestro, el asalto o el robo. La forma de hacerlo conduce a pensar que en esos crímenes hay un trasfondo, inconfesado por las autoridades, más allá de matar por matar. Decenas de casos acumulados lo atestiguan. ¿A quiénes están enviándole los hechores esos mensajes? ¿A qué responden las muertes de tantas mujeres y niñas de la misma forma? Es el motivo que debiera tener a los investigadores del Ministerio Público, de la Policía Nacional Civil y a los más suspicaces del Ejército de Guatemala sin dormir, sin descansar, sin permitir que ese caso se convierta en una simple estadística como se acostumbra. Si la muerte de esa madre y sus hijas corre el mismo destino con que las autoridades toman las de anteriores, fríamente calificadas como femicidio, nuestro país pronto estará a los corrillos internacionales como “el país donde más mujeres son descuartizadas”, impunemente.

Sea como fuere, el tema es devastador y muy triste, pero es importante exigirle a las autoridades esclarecer inmediatamente el caso de la familia Lima Arseño, ya que si se queda en las resmas de papel acumuladas en los escritorios de los investigadores, en los próximos meses sin duda se multiplicarán los casos y los más impíos criminales continuarán entreteniéndose y dándonos lecciones de otra forma de matar a su manera, eso es un derroche de terror indescriptible.

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