La Bestia

Babel
La Bestia
Javier Hernández Alpízar

La imagen de los migrantes centroamericanos que se ha vuelto icónica, representativa de la actual situación, cotidiana, es la de decenas y a veces cientos de personas encima de La Bestia, como se le llama al tren. Es altamente significativo que viajen de mosca, de polizones, en un tren de carga. No viajan en un tren de pasajeros porque la administración transnacional de las mercancías no necesita un tren de pasajeros, solamente necesita trenes de carga. Se trata de un vehículo para trasladar lo que importa en el sistema centrado en la acumulación da valor, de ganancias: las mercancías. En ese sistema, las personas no tienen un lugar sino como “ilegales”: Si no se reducen a su papel de consumidores entonces son subversivas.

Lo que hace a las personas que emigran hacia el norte violar la norma es elemental: La norma jamás los incluyó, nunca los pensó, nunca los supuso. Sí, son un presupuesto necesario para producir mercancías, sin ellas no funcionarían las máquinas, las fábricas ni los campos donde la agricultura está industrializada, pero son un presupuesto obviado, invisibilizado e ilegalizado. Deliberadamente criminalizado. Porque así su mano de obra será más barata… y mediante la violencia, incluso gratuita.

Los tratados de libre comercio dieron carta de ciudadanía universal, o al menos internacional, a las mercancías y el dinero, dieron libre circulación a las mercancías. Es mal visto cualquier proteccionismo, cualquier excesivo celo en cuidar la autonomía y menos aún la soberanía de un Estado. Pero no dieron libertad a las personas para circular entre países, las personas están sujetas a leyes, reglamentos, prejuicios, nacionalismos, xenofobias: desde fobias basadas en prejuicios raciales y religiosos hasta medidas sanitarias y de seguridad nacional, antiterrorismo. Todas las barreras que se eliminaron para las mercancías y el dinero, se han hecho más rígidas para las personas, pero no igualmente para todas, sino para las más pobres, las que buscan trabajo y refugio de la violencia, de la pobreza, de los desastres naturales históricamente producidos o al menos socialmente agravados.

La imagen de los migrantes centroamericanos viajando en el lomo de la Bestia es paradigmática: las redes de libre flujo de mercancías en América del Norte llevan en sus compartimentos, cuidadosamente empaquetados y guardados, a las mercancías, sujetos de todo tipo de derechos y con un alto grado de autonomía, privilegiadas; y en el exterior, expuestas al peligro de caer y morir o resultar mutiladas, además de viajar expuestas a lo peligros que les imponen toda suerte de poderes, estatales y fácticos, grupos armados y mafias de diverso tipo, viajan las personas, excluidas, quienes no hacen más que producir mercancías y, en menor grado, consumirlas, y quienes se han convertido, por la vulnerabilidad en la que las postra esta jerarquización, en una especie de materia prima más para la extorsión, para la esclavitud, para la leva de los grupos en guerra.

En el trato que da el sistema de transporte a lo que viaja dentro de los vagones y la desvalorización de lo qué viaja arriba, trepado con riesgo de su vida, se aprecia qué le importa al sistema, cuál es el verdadero valor que postula y defiende (económica, legal y militarmente) el sistema de libre mercado. Así se sabe quién es libre y quién es ilegal para ese orden mundial.

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