Incertidumbre en la cárcel. Un castigo sutil. Segunda parte

La incertidumbre del tiempo en prisión

El castigo carcelario no sólo tiene que ver con la duración de una sentencia, ni con la estructuración metódica de la vida en la cárcel, ni con la restricción del cuerpo y del tiempo, como la escuela Foucaultiana lo ha demostrado, poniendo énfasis en las rutinas, disciplinas, ordenamientos, horarios, tiempos y reglamentaciones propias de la vida carcelaria. El castigo en el sistema penal mexicano tiene también que ver con lo impredecible del tiempo, con la falta de certeza sobre de la cantidad de tiempo que uno va a pasar en prisión. Se trata de no tener conocimiento sobre tu mañana, sobre lo que sigue. La incertidumbre en la cárcel es el sentimiento que produce el margen de la posibilidad de ser liberado en dos semanas o, lo igualmente posible, en diez o veinte años. Es pues ésta, otra manera de castigar el tiempo, que tiene más que ver con aquella otra propuesta de Foucault del castigo investido en la mente, la psique y el alma[1]. Maneras discretas de castigar en el seno del funcionamiento moderno del castigo. La ley actúa en los cuerpos no solo por medio de lo que permite o prohíbe, sino mediante la reproducción efectiva de espacios legales cargados emocionalmente de indeterminación, según comenta Reves en su trabajo sobre la deportabilidad e indeterminación jurídica de los inmigrantes buscando asilo político en Europa[2].

En una conversación que tuve con el director de la citada cárcel de Atlacholoaya, Morelos mencioné la falta de información bajo la que vivían los internos especialmente sobre su fecha de salida de la cárcel. Me contestó que, efectivamente, muchos presos ignoraban su fecha de salida; que las autoridades tenían una lista de posibles candidatos pero que no se sabía con certeza su fecha de salida, porque no sabían si se les otorgarían beneficios de liberación o no, ya que debían pasar por diferentes pruebas. El director se refería especialmente a los internos sentenciados que están pasando exámenes de diversos tipos cuyos resultados pueden acortar su sentencia. “Algunos presos llevan sus cuentas”, dijo.  El director asumió varias razones para no darles fecha exacta a los presos, tales como que si se les avisa con tiempo los internos empiezan a regalar sus cosas. O bien, porque pueden ser agredidos por otros internos al enterarse de su libertad. Las razones del director más que justificar, reflejan que mantener a los internos en una situación de desinformación parece no preocuparle a las autoridades.

La incertidumbre en la vida de los internos se alimenta de las potenciales posibilidades que tienen para ser liberados mediante los recursos legales para corregir, modificar, revocar o anular las resoluciones jurídicas previas. Tales como la revocación de sentencia, amparo, incidentes de libertad, beneficios de libertad, entre otros. Las decisiones a sus peticiones normalmente tardan en llegar meses y años, debido a los innumerables pasos, pequeños y grandes, para completar los requerimientos de cada recurso, incluyendo papeleo, fotocopias, reunir documentos, esperar firmas, encontrar personas en sus nuevas direcciones, perder y reencontrar papeles, etc. Adicionalmente, las vacaciones se asumen como pausas legítimas en el avance de los juicios. Los internos no esperan ningún avance en sus casos durante esos días. En diciembre, todo se muere.

“En diciembre todo se muere”

El progreso de sus casos se congela comúnmente debido a la falta de recursos de los internos y sus familiares para mantener sus casos en movimiento. Los abogados piden un pago inicial de $3,000 para fotocopiar el expediente y comenzar a revisar el caso. El dinero no sólo se necesita para fotocopias, sino para pagar las mordidas o el refresco de los funcionarios.

Por otro lado, los resolutivos de la constante modificación de leyes en materia penal se aplica a los internos que están en prisión preventiva. Por ello, la ley actúa como “una espada de dos filos”, dicen los internos, refiriéndose a que si ellos están siendo juzgados en el momento en que dichas reformas ocurren, los resultados pueden beneficiarlos, mediante la reducción de su sentencia, o afectarlos, sentenciándolos a condenas más largas. Por ejemplo, en 2008 las sentencias por delitos contra la salud se redujeron, otorgando inesperadamente liberaciones tempranas. Por el contrario, desde 1994 las reformas al Código Penal continúan tipificando más crímenes como “severos”, lo que resulta en un endurecimiento de las penas[3]. “El proceso es pura incertidumbre, día a día”, me dice una interna, “solo tienes que ser paciente, porque no sabes cuándo vas a salir”.

Lo impredecible del tiempo hace del “quizá” el compás de sus vidas por medio del cuál los internos reflexionan sobre su proceso judicial:

“La directora dice que me va a ofrecer beneficios de liberación. Mi abogado dice que me podría ir libre en febrero. Pero yo no sé. Aquí todo puede pasar. Aquí todo cambia rápido. Mi libertad puede llegar en cualquier momento”.

“Dice mi licenciado que en menos de un mes ya me voy. Pero mis compañeras me dicen que así dicen todos y que ellas llevan muchos años así”. Y yo digo: ‘¡Ay No! ¡Dios mío! ¿qué va a pasar conmigo?’. Aquí hay un lema que está muy bien dicho: los días se te hacen meses y los meses se te hacen años.  Para mí, este año y dos mese han sido una eternidad”.

La incertidumbre de la cárcel está alimentada de desinformación e ignorancia, de esperanza y promesas de parte de abogados, como relata también Sarah Makowski en su libro “Las flores del mal”, sobre las cárceles de mujeres en México. La permisividad institucional de que esto ocurra, se convierte en una experiencia existencial para los internos.

La agilidad del proceso del prisionero común contrasta con la agilidad con la que se resuelven los procesos de políticos, famosos y adinerados. El mismo año jurídico que a Reina le concedía malas noticias, le concedió un juicio rápido a los procesos de Celia Lora, hija de Alex Lora, cantante y fundador del grupo de rock mexicano El Tri; al cantante de pop Kalimba y a Jorge Hank Rhon empresario y ex alcalde de Tijuana acusado de vínculos con la delincuencia organizada y acopio de armas.

La institucionalización de la incertidumbre más allá de la cárcel

Al prisionero común, la indeterminación del juicio le niega lo que debería ser un derecho básico: saber, en un periodo de tiempo justo, cuánto tiempo permanecerán en prisión. Ésta omisión pasa desapercibida por lo alarmante de tantas situaciones que requieren atención urgente en las cárceles de América Latina como la sobrepoblación, las pobres condiciones de vida y la violencia. Lo tangible de dichos problemas los vuelve el centro de los reportes de los organismos de derechos humanos, como el último reporte de la CIDH, dejando de lado aquellas violencias institucionales sutiles, silenciosas y normalizadas. Tal como la ambigüedad jurídica que genera el sentimiento de que todo puede pasar mientras que en realidad nada pasa más que los años.

La permisividad de la existencia de la prisión preventiva, y particularmente la duración y la indefinición de la duración han dado lugar a la institucionalización de la incertidumbre en las cárceles mexicanas. Pero no sólo en las cárceles, los tiempos de espera de resoluciones para refugiados africanos en Europa llega a ser de diez años, por ejemplo. Cabrá preguntarse si esta forma de castigar mediante la espera, está vigente y normalizada en otro tipo de instituciones modernas de gestión de humanos, de gestión de aquellas personas consideradas inferiores y sobrantes.

Por Carolina Corral Paredes


[1] Foucault, Michael, 1991, Discipline and punish, the birth of the prison, Penguin Book, London, p. 104.

[2] Reeves, Madeleine, 2012, “Living from the nerves: deportability, indeterminacy and the feel of law in migrant Moscow”, texto presentado en Affective states: Exploring emotion in Political Life, 17-18 May, University of Manchester, p. 6.

[3] Azaola, Elena, 2009, op. Cit, p. 113.

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