Más de 300 organizaciones exigen prohibir el cultivo de transgénicos

Elizabeth Velasco C.

La Jornada.- Sólo la unión de los habitantes del campo y la ciudad logrará que el maíz (alimento básico, corazón y sustento de México) sobreviva ante trasnacionales que, como Monsanto, buscan apropiarse de su gran riqueza, aportada al mundo por nuestros antepasados, señalaron ayer integrantes de la organización Sin Maíz no hay País. Instaron a la sociedad a sumarse a la lucha contra los granos transgénicos, los cuales, en caso de permitirse su siembra experimental y piloto en el norte de México, causarían daños irreversibles a las especies nativas, además de contaminación en agua, tierra y aire, con repercusiones graves a la salud. En la conmemoración del Día Nacional del Maíz, los representantes de más de 300 agrupaciones campesinas, ambientalistas, de derechos humanos y otras, reunidas en el Zócalo, exigieron a las autoridades mexicanas prohibir la producción, importación y comercialización de grano transgénico, en momentos en que el gobierno de Felipe Calderón ha expedido 171 permisos para la siembra experimental en el norte de México de semillas modificadas genéticamente. En el Zócalo, además de lanzar consignas, se realizó un performance en el que se representó a Monsanto, que dio latigazos a “esclavos” que jalaron una gran paca de rastrojo. Jesusa Rodríguez, desde un camión que iba a la cabeza de la penosa marcha, hacía el recuento de los saldos del calderonismo: “miles de desaparecidos y desplazados, una reforma laboral que atenta contra los trabajadores y campesinos (…) se va y deja más y más dolor al país”. En el Palacio de Bellas Artes los “esclavos” fueron liberados. Luego se realizó una danza y se festejó con una elotiza en el Monumento a la Revolución. “Calderón y sus ‘secretarios Monsanto’ pretenden autorizar más de 2 millones de hectáreas de siembra comercial de maíz transgénico, justo la variedad MON-603, sobre la cual recientemente se demostró en Francia, con ratas alimentadas durante dos años con ese tipo de maíz, que produce daños en el sistema reproductivo, malformaciones, tumores y efectos neurológicos”, afirmó el especialista Víctor Suárez. El académico Armando Bartra advirtió que “con los permisos de Calderón se busca autorizar paulatinamente la siembra de mayores extensiones de maíz transgénico, hasta que finalmente se permita su libre siembra y comercialización, y me temo que el gobierno de Enrique Peña Nieto va a continuar esta política porque, lamentablemente, la mayor organización campesina del país, la Confederación Nacional Campesina, estableció desde hace tiempo una alianza con Monsanto”. Los integrantes de Sin Maíz no hay País advirtieron que los transgénicos significan el final de la tradición ancestral de la milpa como sistema de producción y símbolo de la diversidad cultural de la antigua Mesoamérica, justo en el momento en que “el sector campesino ha sido condenado al abandono, está inmerso en la violencia, faltan oportunidades y prevalece el desarraigo de jóvenes que no desean seguir siendo campesinos y optan por migrar a Estados Unidos para producir allá la comida que las trasnacionales nos venden”. Participante en la movilización sabatina por el Día Nacional del MaízFoto Roberto García Ortiz El resultado es que los productos son “caros y de peor calidad, porque los gobiernos priístas y panistas decidieron importar alimentos en lugar de apoyar la agricultura nacional”. Los inconformes exigieron combatir la dependencia alimentaria y el hambre con políticas públicas y presupuesto suficiente para el campo, que fomente el crecimiento sustentable. También en otras entidades hubo manifestaciones en rechazo a la siembra de maíz transgénico. En Cuernavaca, Morelos, unos 300 integrantes de Sin Maíz no hay País marcharon desde la iglesia El Calvario. Concluyeron con un mitin en el zócalo, donde instalaron una ofrenda con frutos y granos propios del campo morelense. En una de sus mantas se leía: “Defendamos nuestro maíz porque es nuestra vida”. Otra repudiaba los permisos de siembra experimental de grano transgénico. Los campesinos exigieron al gobernador electo, Graco Ramírez Garrido Abreu –quien asume el cargo mañana–, que dé prioridad al campo, porque sólo haciéndolo producir las familias agricultoras conseguirán la libertad alimentaria. En el parque Los Berros, de Jalapa, Veracruz, se organizó una verbena, donde se realizaron talleres sobre cómo elaborar tortillas. Se regalaron tamales y atole elaborados con variedades nativas de maíz. Allí, integrantes del Movimiento Agrario Indígena Zapatista, productores de maíz, ambientalistas y académicos de la Universidad Veracruzana (UV) pidieron a las autoridades del estado que se rastree la presencia de maíz transgénico y se tomen medidas precautorias para impedir que su presencia se imponga a los cultivos generados a partir de semillas criollas. Miguel Ángel Escalón Aguilar, investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UV, señaló en torno al maíz transgénico que “es necesario que las autoridades establezcan un principio precautorio”, porque no se tienen datos contundentes sobre si estos productos son inocuos. En Oaxaca, Carmen Santiago Alonso, coordinadora del Centro de Derechos Humanos Flor y Canto, anunció que organizaciones civiles y pueblos indígenas recurrirán al Tribunal Permanente de los Pueblos para denunciar al Estado mexicano por su indiferencia y omisión para defender el maíz nativo. Con información de Octavio Vélez, Rubicela Morelos y Eirinet Gómez, corresponsales

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