Lucha y Organización del movimiento estudiantil en la Capital Argentina. Cuando truenan las gargantas más jóvenes

El conflicto estudiantil en la Ciudad de Buenos Aires. La verdad detrás del discurso que llama al diálogo y la concertación. Políticas de derecha y privatistas, una coherente tradición de Macri. El movimiento estudiantil como actor social. ¿Quiénes temen cuando la juventud avanza?

El invierno no se resigna a pasar, y arroja su último hálito para enfriar los primeros días de la primavera. La temperatura es muy baja en la Ciudad de Buenos Aires. Pero los estudiantes de los colegios secundarios no se amedrentan, y lo explican bien claro: “nos abrigamos al calor de la lucha”. Hoy son 35 los colegios que se encuentran tomados por los y las jóvenes en defensa de la educación pública. Los medios de la derecha vomitan juicios venenosos contra los pibes, hablan de usurpación, periodistas insultan y llaman delito a una medida que, no sólo es legítima dentro de las formas de protesta, sino que además fue democráticamente decidida por las asambleas de base en los colegios, en consecuencia del hartazgo. Desde principio de años buscaron interpelar al hermético Gobierno de la Ciudad, con cartas, petitorios con más de 15.000 firmas, marchas, cortes, pedidos a través de legisladores… El PRO (partido de Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), que se llena la boca en los medios hablando sobre el diálogo, no dio respuesta alguna. Y por más que el Ministro de Educación Esteban Bullrich intente desligarse de la responsabilidad, es él quien tiene que salir a responder por la imposición del cambio curricular destructivo y anti-democrático que los estudiantes están deteniendo, ocupando las escuelas, hace más de 10 días.

El reclamo

“Lo que pretendemos, en primer lugar, es la suspensión de un cambio curricular que devastaría los contenidos académicos de la educación técnica en particular, y media en general”, aseguran los y las jóvenes que se organizan en la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB).

El Consejo Federal de Educación es un grupo integrado por los ministros de educación de todas las provincias y jurisdicciones. Dicho Consejo, mandó a homologar los títulos a nivel nacional (es decir, que tengan la misma validez en todo el país), pero no hizo especificaciones sobre el cómo. Este hueco es el que aprovecha el Ministro Esteban Bullrich para descargar su línea ideológica. En los colegios normales, reduciría cerca de 90% de lasespecializaciones, en tanto que en los colegios técnicos, pretende recortar horas cátedra, quitar talleres troncales para la formación especializada, cerrar turnos vespertinos (a los que asisten jóvenes que deben trabajar). Socava la espina dorsal de los programas escolares, para generar títulos chatarra, es decir, jóvenes menos calificados, en consecuencia, mano de obra barata. Una nota del periodista Sr. Eduardo Videla del diario Página/12, deja clarísima una cuestión: las resoluciones del CFE son específicamente para colegios técnicos que requiere homologación. Específicamente, Bullrich impone cambios con respecto a todas las escuelas medias. (1)

Lo que los estudiantes exigen, no es que no se homologue su título. Quieren que se lleve a cabo la homologación pero a condición de que puedan participar, tanto ellos como los docentes, en la confección del cambio curricular necesario. Con voz disfónica, una de las jóvenes luchadoras dice: “Somos nosotros, docentes y estudiantes los que mejor conocemos la situación, los que mejor conocemos a nuestros colegios. Exigimos participar porque sabemos qué aporta y qué resta en programas.” Y sentencia: “No queremos que se redondee hacia abajo el nivel. Queremos la homologación pero no a costa de la calidad educativa, no a costa de nuestro futuro.”

Más claro, imposible.

El PRO: la eterna cruzada contra lo público

Muchos de los estudiantes que hoy encaran esta lucha, ya son veteranos en cuanto a confrontación con la desidia del Gobierno de la Ciudad. Repasemos.

  • 2007: Transición entre el gobierno de Jorge Telerman y Mauricio Macri. Ante el abandono presupuestario de la educación pública (con el consecuente engrosamiento del presupuesto para el sector privado), la mayoría de los colegios de la Capital Federal, carece de instalación de gas. Es decir: escuelas sin calefacción en invierno, y sin posibilidad de desarrollar talleres curriculares que requieren de este servicio. Numerosos pedidos que no tienen respuesta. Se toman algunos colegios: el dinero para las instalaciones, que supuestamente no estaba, “mágicamente” aparece.

  • 2008: El entonces Ministro de Educación macrista Mariano Narodowsky, con la excusa de mejorar los planes para las Becas de apoyo, recorta cerca de un 60% de las mismas, lo que, concretamente, dejaba a miles de estudiantes sin la posibilidad de ir a la escuela. La toma de colegios prueba ser efectiva: luego de la lucha conjunta de 15 establecimientos ocupados y una marcha con miles de estudiantes, el Gobierno da marcha atrás con la medida.

  • 2010: Año bisagra. El presupuesto destinado a infraestructura escolar es menor a la mitad del que era antes del comienzo de la gestión macrista (2). Sobre el recorte, existe subejecución presupuestaria. El deterioro de los colegios es real y tangible: los techos se caen, la destrucción edilicia representa una situación de extrema gravedad. Los estudiantes tienen reuniones con supervisores, asesores, incluso el Director General de Infraestructura. Las respuestas son ambiguas, las promesas muchas y pocos los planes de obra. Se toman, como corolario de una lucha muy nutrida de medidas, al rededor de 40 colegios. Se adquieren planes de obra firmados por Esteban Bullrich. La marcha del 16 de Septiembre en conmemoración de la Noche de los Lápices, resume las experiencias de años anteriores y pone 30.000 personas en la calle.

  • 2011: Los estudiantes denuncian el incumplimiento del compromiso de Bullrich en cuanto al Plan Integral de Infraestructura. Establecen una lucha mediática, en el marco de las elecciones para Jefe de Gobierno, mediante la consigna “Votamos por la educación pública”.

Todos estos años acumularon una experiencia de lucha, y también confirmaron una o dos cosas sobre la gestión PRO. Una: el objetivo es enflaquecer hasta el raquitismo, no sólo a la educación, sino también a la salud y a la cultura de la esfera de lo público, en beneficio del ámbito privado. Otra: el contexto que generan las tomas de colegio parece ser la única presión que sienten “los abanderados del diálogo” para dar respuestas ante los reclamos.

La toma: resignificación a través de la lucha

Muchos de los y las jóvenes tienen caras de cansancio. Y es que en los colegios se levantan temprano, tienen asambleas, leen todos los diarios y comienzan su actividad. “No disfrutamos tomando el colegio, quedándonos a dormir en el piso de las aulas. Pero mientras estemos llevando a cabo esta lucha, vamos a llenar de contenido las horas que pasemos dentro de la escuela”, relata un estudiante a un medio de televisión. Adentro de todos los colegios ocupados hay carteles con cronogramas que establecen horarios de jornadas de limpieza y refacción, actividades culturales, talleres de diversas temáticas, charlas debate, ciclos de cine y cantidad de cosas más, todas de una creatividad asombrosa. Una chica nos cuenta: “Inicialmente nosotros quisimos una toma de colegio manteniendo las clases, pero bajó una circular del Ministerio, que prohíbe a los profesores dar contenido alguno relacionado con sus materias. Así que es bastante hipócrita que Bullrich nos eche la culpa de estar perdiendo clases, cuando es culpa suya por partida doble; por un lado, por no recibirnos para discutir el cambio curricular, y por otro, por amedrentar a nuestros docentes”.

Aunque no de la forma tradicional, los y las estudiantes siguen creciendo y aprendiendo. Y lo hacen desde un lugar que tiene la misma importancia que el de la formación académica: el de los valores, los principios, la calidad humana. En las tomas se fomenta un espíritu solidario, cooperativo, unitario. La frase que ronda los patios, que cada vez más se llenan de colores, es “O todos o ninguno”.

Con la rabia que viene del miedo

Un sector de la sociedad ataca a esta generación con una virulencia inusitada. Insultan, denostan, agreden, sin respeto ni consideración. El macrismo busca hacerse eco de ese odio a la juventud comprometida, fervorosa. Impulsó numerosas iniciativas que terminaron siendo frenadas por la justicia: instalación de cámaras de seguridad dentro de los colegios, confección de listas negras para denunciar policialmente a los activistas de los centros de estudiantes, entre muchas otras. Como más reciente, instaló en el mes de Agostouna línea telefónica para denunciar intromisión política en los colegios, Bullrich dice siempre que tiene oportunidad, que los y las estudiantes están manipulados por sectores que “quieren hacer política”. Ante estos balbuceos, el movimiento estudiantil es concreto. Ellos no le escapan a la política, al contrario, la toman como herramienta, porque así como es política la decisión de destruir la educación pública, es política la forma de defenderla. Macri lo sabe. Los pibes también. Y por eso revitalizan la palabra, le otorgan un cuerpo rozagante de poder popular en cada asamblea de cada colegio tomado. Los que vociferan insultos y descalificaciones, son defensores de ideas excluyentes, elitistas, por suerte cada vez más ancianas y desprestigiadas. Odian porque temen. Le tienen pavor a que la juventud deje de fijarse en problemas puntuales y mire el marco general, como está pasando hoy en día. A que elabore su propio proyecto, de qué educación y qué país quiere. Porque claramente, y por la propia naturaleza de esa juventud que crece en conciencia crítica, es un proyecto opuesto al que los viejos reaccionarios siguen defendiendo. Pero ambas partes saben, que pronto unos se irán para dejar paso a los otros, y esta nueva generación, cada vez más combativa, parece estar preparándose formidablemente para ese momento.

(1): http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-204437-2012-09-28.html

(2): http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-134110-2009-10-26.html

Testimonios de distintos estudiantes a medios de comunicación del período del 17/9 al 28/9

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