Un nuevo mundo, desde abajo.

Ángel Román Real

      Palabras Despiertas.- Desde las sierras madres mexicanas, hasta los andes sudamericanos, el eco de voces “rebeldes” empiezan a estremecer el mundo de occidente, voces que reclaman dignidad, que buscan deshacer la voz colonial para no silenciar mas la voz de los oprimidos que por años han padecido el terror y la brutalidad de los regímenes despóticos. Desde abajo, estas voces empiezan a crear un nuevo mundo, un mundo distinto, donde  la voz es colectiva y la vida auto-determinada.

         En este nuevo mundo, “desde abajo”,  se busca “romper el mundo tal como es: un mundo de injusticia, de guerra, de violencia, de discriminación, un mundo de multimillonarios y de mil millones de personas que viven y mueren de hambre, un mundo en el cual la humanidad se está aniquilando a sí misma, masacrando las formas de vida no humanas, destruyendo las condiciones de su propia existencia. Un mundo dominado por el dinero, dominado por el capital. Un mundo de frustraciones” (Holloway) y aciago donde el hambre, la miseria, la desigualdad y la desdicha son una constante que hacen cada vez más profunda la explotación y la violencia estructural.

      Las voces rebeldes exclaman un ¡ya basta! ¡Estamos hasta la madre! De ser explotados, violentados y padecer hambre, de ser utilizados como objetos y no ser vistos como seres humanos. Por eso -construimos caminos distintos a los que nos han impuesto, caminamos-construyendo un nuevo mundo; un mundo mejor; un mundo desde abajo […] la América Latina observada cronológicamente, ha sido de las  regiones más explotadas, oprimidas, perseguidas y esquilmadas del globo terráqueo. La histórica precariedad de nuestra América Latina ha orientado a  la lucha por la dignidad y la autonomía de los pueblos y regiones subyugadas por el capitalismo.  El nuevo mundo que empieza a emerger del vientre de este sistema putrefacto ha sido posible porque ha germinado en la tierra de los ‘sin trabajo’; de los ‘sin derechos’; de los sin identidad. Este nuevo mundo que está brotando en la América latina “constituye un auténtico laboratorio de elaboración de alternativas, puesto que experimenta diariamente nuevas formas de relacionarse y hacer política” ( Almeyra).

      “El sistema “democrático” [de occidente] no es ya capaz de responder a la emergencia y conducir la transformación; puesto que los asuntos que nos agobian no pueden ya esperar; puesto que se ha desvanecido la ilusión de que los aparatos del Estado pueden ponerse al servicio de la emancipación, es hora de la acción directa organizada, la acción de hombres y mujeres ordinarios que se afirman en su dignidad para crear la nueva sociedad en el vientre de la que muere” (Esteva) , ha llegado la hora de hacer posible nuestras utopías  como dice Leonardo Da Jandra , de hacer realidad el sueño de vivir en mundo mejor, un mundo donde “el aire esté limpio de los venenos de las máquinas; un mundo donde la gente trabaje para vivir, en lugar de vivir para trabajar” (Galeano) ; un mundo donde  no exista explotación, guerras ni hambre; un mundo sin ajetreo –“sería maravilloso ver a la humanidad descansando por una vez. [Ahora] No hay más que trabajo, trabajo” (Thoreau) y explotación- “Es la dignidad lo que hace inconformes, rebeldes y soñadores a los hombres y mujeres ordinarios que hoy están… [Luchando], al margen y más allá de líderes, ideologías o partidos” (Esteva), es la indignación ética  lo que hace romper con las cadenas colonizadoras del capitalismo.

          No cabe duda que algo nuevo empieza a nacer en los arrabales de Latinoamérica y el mundo,  una nueva revolución silenciosa y pacifica empieza poco a poco a deshacer  la lógica del capital. Cada día, cada minuto y cada segundo que transcurre, hombres y mujeres comunes y corrientes posibilitan la instauración de nuevas formas de vida, accionares que transgreden  los límites culturales de lo ordinario, que permiten abrir  un nuevo camino hacia otro mundo propio. La revolución del siglo XXI ya no puede ser entendida como el estado bélico donde hay efusión de sangre y muerte, la neo-revolución  debe entenderse como la acción cotidiana de hombres y mujeres rebeldes  que “agrieten el capital” (Holloway) mediante el quehacer diario: como el compositor que expresa su enojo y su sueño  por una sociedad mejor atreves de la música que crea. O la historia de un grupo de personas que se reúnen todos los miércoles en un rincón de la ciudad de Oaxaca a compartir reflexiones sobre cómo crear otro mundo posible, y al final, terminan convirtiéndose en una gran familia.  El profesor de universidad que programa un curso fuera del aula para incentivar el pensamiento crítico.  El pintor que vende sus obras para apoyar a los enfermos mentales que están recluidos en el cerezo.  El campesino que cultiva la tierra sin hacer uso de fertilizantes. O los comités de apoyo que se forman para solidarizarse con los hermanos zapatistas que están siendo acosados.

        Cada acto humano que no reproduzca la lógica del capital, es un acto revolucionario, un acto que transforma y crea algo nuevo desde el corazón de algo estéril.  La nueva revolución crea vida en lo que parece ya no tener, germina  la semilla que engendrara la nueva flor del nuevo jardín, la cual, será cultivada por un nuevo jardinero. Latinoamérica, sin duda, es ese nuevo jardín que ha empezado a ser cultivado por ese nuevo jardinero que emana de un nuevo mundo, un mundo que ha emergido de abajo y  hacia abajo.

*Resumen de la ponencia que se llevará a cabo esta semana en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

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