Los mitos del megaproyecto eólico del Istmo de Tehuantepec

Por Carlos Beas Torres

Proyecto Ambulante.- Negar las bondades de la generación de energía eléctrica a través de fuentes renovables rayaría en la estulticia, y más en estos tiempos de crisis climática global, donde el uso de combustibles fósiles es uno más de los actos suicidas a los que nos ha conducido la locura neoliberal. Sin embargo en nuestro país la generación de energía a través de la fuerza del viento y en particular la que se produce en la región del Istmo de Tehuantepec ha venido creando una serie de mitos propalados sin ningún tipo de rubor por las empresas trasnacionales y por los gobiernos federal y el estatal de Oaxaca.

Tierras improductivas. Una forma de justificar el despojo de tierras que han sufrido ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios es el decir que las tierras donde se han establecido 11 parques eólicos son improductivas. Todavía recuerdo que apenas hace unos meses en un anuncio publicitario del gobierno federal se nos machacaba que ahora en el Istmo se generaba energía donde antes no se producía nada. En mayo del 2010, el entonces director de la Comisión Federal de Electricidad, Alfredo Elías Ayub, reiteraba casi eufórico en la inauguración de un parque eólico que le entregaría electricidad a Wall Mart: “Donde antes había tierras estériles, hoy tenemos un bosque de energía”. Esa cantaleta ha sido repetida hasta el absurdo y sólo encubre un engaño.

El parque Eurus ubicado en 1,050 hectáreas del ejido La Venta se estableció en un distrito de riego, donde se producían anualmente alrededor de 12,000 toneladas de alimentos. Hoy sólo produce electricidad barata y limpia para una industria sucia como es la cementera CEMEX. Cerca de ahí, en las tierras del poblado Ingenio Santo Domingo, durante muchos años se produjo un promedio anual de 40,000 toneladas de caña de azúcar, mismas que ahí se procesaban; hoy el Ingenio se encuentra cerrado y no pudo ser reabierto ya que el parque eólico se ubicó en donde antes había cañaverales. Sobra decir que el poblado luce semivacío y mucha gente se queja por ello.

Generan empleo. Es cierto que en la etapa de construcción de los parques eólicos las empresas contratan a gente de la región para los trabajos más duros, como la limpieza y nivelación de los terrenos, el acarreo de materiales para las obras de cimentación, y de cierta forma hay un tiempo breve de bonanza, pero una vez concluidos los trabajos la realidad que encontramos es la del desempleo y el abandono del campo. Un ejemplo de ello es que en los dos parques eólicos establecidos en La Venta trabajan de manera permanente 12 técnicos de los cuales 4 son originarios de la región; además laboran unos 15 empleados eventuales que se dedican a tareas de limpieza, entre ellas la de levantar los cadáveres de aves muertas y en acciones de vigilancia. En esas mismas tierras laboraban hace 5 años unos 300 campesinos y jornaleros, produciendo maíz, sorgo y caña de azúcar.

En el Ingenio Santo Domingo laboraban de manera permanente 120 empleados, y en tiempos de corte trabajaban hasta 600 jornaleros y unos 100 transportistas, paileros, y cargadores; hoy sólo trabajan en el parque eólico 11 personas, la mitad ellas fuereñas. En La Ventosa donde hace pocos años se producía el mejor queso del Istmo, ahora escasea el alimento para el ganado y con ello ha decaído la producción de leche y de otros productos lácteos; por ello mucha gente perdió su trabajo. Ahora los vecinos se quejan de los asaltos y robos, aunque los justifican diciendo “es que ya no hay trabajo”.

Energía limpia. Nadie duda que la energía eólica es una forma limpia para generar electricidad, pero en el caso del Istmo hay algo sucio ya que basta preguntarse en donde se depositan los 300 litros de aceite que lubrican los rotores de los cerca de 1,000 aerogeneradores que operan actualmente en esta región. Es cierto y preocupante el señalamiento que hacen los pescadores binniza de Unión Hidalgo cuando reportan la repentina aparición de manchas de aceite en la Laguna Superior.

También habría que preguntar a los maestros y alumnos de las escuelas próximas a los parques eólicos si la creciente baja de rendimiento en el desempeño escolar tiene relación con la proximidad de los llamados ventiladores. El ruido afecta y estresa a los vecinos y hasta los campesinos relatan que las vacas están malpariendo y ya no producen como antes.

Y limpia, decir limpia, no lo es, ya que según los vecinos de Unión Hidalgo, La Venta, Ingenio y La Ventosa, cada mañana aparecen por los caminos y las parcelas los restos de aves despedazadas por las aspas de los aerogeneradores. El tramposo estudio de impacto ambiental que elaboró a la medida de la empresa contratante un pseudo académico del Instituto de Ecología de Xalapa, olvidó reseñar que el Istmo mexicano es una de las principales rutas migratorias de aves en el mundo; solamente lo transitan en las noches de otoño 800,000 animales.

La inversión extranjera trae progreso. Aunque se desconoce el monto real de la inversión extranjera directa aplicada a la construcción de estos parques, ya que se habla de entre 1,500 y 3,600 millones de dólares, es claro que los principales beneficios se los están quedando las grandes empresas extranjeras como Iberdrola, Windpower o Vestas, que son las fábricas que proveen los aerogeneradores. También han hecho el negocio de su vida los operadores inmobiliarios, que han recorrido los pueblos ofreciendo hasta 100 pesos al año por hectárea a los campesinos para que aparten las tierras, mismas que después serán contratadas por las grandes compañías.

Parte importante del negocio lo han tenido los operadores y caciques locales, lo mismo del PRI que de la antaño combativa Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo, ya que los presidentes y agentes municipales, líderes transportistas y comisariados han recibido su tajada por expedir permisos, simular asambleas y operar el engaño con el fin de que los campesinos -en su mayoría indígenas y analfabetas- arrienden sus tierras a través de contratos por demás leoninos.

Los términos de la contratación son diferentes en función de la empresa y de las condiciones de negociación del campesino afectado, sin embargo todos los contratos comprenden un periodo de 25 a 30 años, en los cuales el campesino puede acceder a sus tierras pero con una gran cantidad de restricciones, lo cual en los hechos es simplemente un despojo legalizado.

Decenas de campesinos se han convertido en rentistas y reciben diferentes montos por el arrendamiento de sus tierras. Por ejemplo, por el concepto de pago de derecho de viento por una hectárea en La Venta actualmente se pagan al año $ 7,200 y por hectárea donde se establece un aerogenerador puede variar el pago entre $ 11,000 y     $ 22,500 al año.

En algunos parques, como los establecidos en La Ventosa, algunos propietarios han venido recibiendo además una participación por energía producida y facturada del 1.3%, siendo esta 10 veces menor al porcentaje de participación que recibe un propietario en Holanda, Dinamarca o los Estados Unidos. Negocio redondo.

Y más negocio redondo cuando las empresas trasnacionales se apoderan de los llamados bonos verdes. En el caso del parque la Venta II, la española Iberdrola recibió la cantidad de 25 millones de dólares. En todos los casos las corporaciones, a través del clausulado de los contratos, reciben para sí los estímulos que brinda el Banco Mundial, ya que la generación de electricidad por medio del viento se considera un mecanismo de desarrollo limpio (MDL).

Y son tantos los beneficios que deja el megaproyecto eólico del Istmo, que ni siquiera las 8 empresas que operan los 11 parques pagan el impuesto predial a los empobrecidos municipios de la región, ya que en todos los casos su domicilio fiscal se encuentra ubicado en la ciudad de México.

La legalidad de los proyectos. En México, donde el estado de derecho es una ficción, cumplir con los requisitos legales para establecer un parque eólico es sólo cuestión de dinero y más dinero. Las empresas han utilizado millones de pesos para corromper a autoridades locales, a cambio de que simulen una asamblea donde se apruebe la ejecución de un proyecto. En el caso del agente municipal de San Dionisio Pueblo Viejo bastó el entregarle una camioneta nueva para cambiar su opinión. ¿Cuánto dinero habrán recibido los presidentes municipales de Juchitán? Mucho. Al grado de que uno de ellos fue acusado de adquirir un rancho de cientos de hectáreas, que por cierto de inmediato arrendó para el establecimiento de un parque eólico. El ex presidente municipal Mariano Santana, dirigente de la COCEI-PT, nunca negó las versiones de dicha compra y su relación con las empresas extranjeras es buena hasta ahora, ya que apenas hace unos días prestó a sus golpeadores para aplastar la oposición de los comuneros ikojts de San Dionisio del Mar.

La corrupción también ha alcanzado a las instituciones federales, y la legalidad disfrazada de estudios de impacto ambiental ha dado lugar a estudios llenos de errores, omisiones e irregularidades. Las empresas y despachos han elaborado estos estudios a manera de que sus clientes no tengan problemas. En La Ventosa opera actualmente el Parque Eólico Bii Nee Stipa cuyo propietario es la empresa Iberdrola; la manifestación de impacto ambiental de este parque es un montón de pegotes, que incluso llegan al grado de ubicarlo en el estado de Veracruz. Su aprobación responde a la corrupción que priva en la SEMARNAT, cuyos funcionarios son parte del negocio, ya que algunos de ellos o sus familiares son también integrantes de despachos que venden sus servicios a las empresas eólicas, como es el caso del despacho INGESA, que elaboró un estudio de impacto ambiental que desconoce la fragilidad del sistema lagunar huave.

Legalidad a la mexicana. O simplemente: cómo taparle el ojo al macho

Los mitos también matan. Se ha propalado la versión de que los parques eólicos se han venido instalando sin la oposición de los propietarios de la tierra y supuestamente todo ha sido miel sobre hojuelas. Nada más falso. A partir del año 2003 el Grupo Solidario La Venta encabezó durante más de tres años una difícil lucha en contra del megaproyecto que desarrollaron la Comisión Federal de Electricidad e Iberdrola. Finalmente el parque La Venta II se construyó; sin embargo, y gracias a la resistencia, la superficie que al final ocupó fue sólo el 55% de la que originalmente se había planeado. En el mismo ejido, en marzo del 2007 un grupo de campesinos que defendía un predio fue desalojado por más de 200 policías federales y decenas de testaferros del entonces siniestro gobernador Ulises Ruiz, siendo también denunciados penalmente 43 de ellos por la CFE.

El caso más grave se presentó en octubre del 2011 cuando un bloqueo pacífico de campesinos de Unión Hidalgo que se oponían al despojo de sus tierras por parte de la empresa DEMEX, filial de la española Renovalia, fue atacado por un grupo de príistas que encabezaba el agente municipal de La Venta. En la agresión resultó muerto un sobrino del mismo agente y diez campesinos fueron lesionados. Pocos meses después fue detenida la defensora de derechos humanos Betina Cruz y 5 campesinos cuyo único delito fue el de defender sus tierras.

En los últimos días ha escalado la campaña de agresiones y violencia en contra de los campesinos y pescadores ikojts de San Dionisio del Mar por parte de operadores príistas Jorge Castellanos y Ernesto Juárez, quienes son apoyados por los diputados locales Francisco López García y Elías Cortés. La violencia se ha dirigido en particular en contra de Isaul Celaya, líder de los opositores, quien ha sufrido en los últimos meses dos atentados en contra de su vida.

La realidad desvanece mitos. Lo que sí ocurre en el Istmo mexicano es el despojo legalizado de más de 12,000 hectáreas, muchas de ellas propiedad de campesinos indígenas, que no han sido ni informados ni consultados. Despojo operado por grandes empresas trasnacionales que han contado con la complicidad de funcionarios de los tres niveles de gobierno y donde la corrupción se abre paso día a día. Son escasos los beneficios y sí muchos los perjuicios para los habitantes de esta región. Por todo ello la generación de energía limpia en el Istmo de Tehuantepec es un negocio verdaderamente sucio que ha enriquecido a unos cuantos. Eso sí, con dinero verde, pues se gana en dólares.

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