Canción de Otoño

Acuarela por Belén Jimenez
Acuarela por Belén Jimenez

Isaac Sánchez

Libertad y Concordia.- En primer plano escucho la voz grabada de Gloria Muñoz Ramírez “pueden ustedes ver el mapa del despojo en México y van a ver el mapa de la militarización, que no es necesariamente el mapa de la lucha famosa contra el narcotráfico”.

Entre las pausas, entre cada palabra escucho el rítmico, acartonado y eternamente practicado tono discursivo de Enrique Peña Nieto, en su toma de protesta, anunciando el plan de austeridad.

En mi cabeza giran, esporádicamente, las fotografías de la represión durante las manifestaciones en San Lázaro. Entre cada palabra: “despojo”, “progreso”, “16 heridos” y de vuelta a Gloria con “militarización”, luego EPN “en conjunto con la sociedad civil” y la expresión de profunda frustración durante la protesta de toma de protesta.

“En Av. Juárez, frente a Bellas Artes continúa el enfrentamiento entre manifestantes y policía.” dice Proyecto Ambulante por Redes y Gloria, como queriendo contestar, desde el pasado, desde la grabadora, se escucha decir “todo este despliegue castrense que hay por todo el país y que se nos anuncia que es en la lucha contra la delincuencia organizada, resulta que no, resulta que es contra los pueblos, resulta que es justo para la imposición[…]”.

Entonces recuerdo las noticias del año pasado cuando Ebrard moderniza una parte de su policía, ¿o fue un año anterior todavía?. Y cuando Peña Nieto hizo lo mismo. Me acuerdo el anuncio del experimento en Ciudad Juárez en 2008. Recuerdo haber leído un artículo de Marcela Turati, en Proceso sobre el Teniente Leyzaola jefe de la policía municipal en Juárez y antes el “pacificador” de Tijuana;  creó una policía violenta y despiadada, sin miedo, sin miedo a la ley, ni al narco, ni a la gente.

Recuerdo entonces, las incontables veces que leí en el periódico la nota roja, leyendo tantos nombres, tantos hasta que se perdieran en la memoria. Tantos, que hasta olvidabas que eran personas. Tantos que dejaba de preguntarme si eran sicaros, paleteros, estudiantes, policías o políticos. A veces me limitaba a  ver sus expresiones al ser presentados por la procuraduría, no se veían muy fieros, la mayoría golpeados. Se me revuelve el estómago.

Recuerdo entonces, las represiones que se sucedieron estrepitosamente en los últimos 5 meses del 2011 y me pregunto este año. Me recuerdo Las casas estudiantiles y las normales de Michoacán, me recuerdo a Celodonio de la comunidad nahua que sigue desaparecido, me acuerdo también de la violencia psicológica del Estado contra la comunidad de Temaca.

Me recuerdo el asesinato de Juventina Villa, dirigente de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán (OESP) y a su hijo Reynaldo Santana, hace dos días en Guerrero, me acuerdo del asesinato del líder del Barzón en Chihuahua, Ismael Solorio Urrutia y a su esposa, Manuela Martha Solís Contreras por denunciar las agresiones de las que eran objeto. Los nombres se suceden unos a otros.

No puedo olvidar haber escrito un texto similar, el otoño pasado, recordando a Nepomuceno Moreno, a dos campesino de la OESP que fueron desaparecidos, recordando a Trinidad de la Cruz de la comunidad nahua de Ostula quien también fue asesinado, a los dos jóvenes que fueron asesinados en la Autopista del Sol, en Guerrero por ser de la Normal de Ayotzinapa y por luchar.

Si, todo este despliegue castrense, solo puede ser para la imposición. Si, este sexenio ha sido muy largo. Y si, el que viene será tan largo como el anterior, tan terrible como el anterior.

Nota: Falta el Invierno.

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