Resistencia, el único camino para los hacedores del nuevo mundo

ARR

*Ángel Román Real

        Libertad y Concordia.- Resistir, no es solo una palabra, tampoco es solo soportar y aguantar.  La resistencia, es el sendero que permite a los de abajo romper con el silencio que les imponen los de arriba,  es el camino que permite crear algo nuevo; algo propio; algo distinto. La resistencia lleva a rechazar y crear, rechazar a hacer el capitalismo y crear un nuevo mundo distinto, donde existan formas nuevas de relacionarse  y de hacer la vida.

     “Cuando los [de abajo] se lanzan a la lucha no calculan las relaciones de fuerzas en el mundo. Simplemente pelean. Si antes de hacerlo se dedicaran a examinar las posibilidades que tienen de vencer, no existirían ni los movimientos antisistémicos ni la multitud de levantamientos, insurrecciones y resistencias que están atravesando el mundo y nuestra región. Los y las de abajo nunca actuaron con base en la racionalidad instrumental, como suelen creer los cientistas sociales y los analistas que ven el mundo desde arriba”, (Zibechi) la gente de abajo resiste y persiste contenta y segura,  porque sabe que otro camino no hay, el resistir -para vivir- ha sido el único camino que han encontrado los hacedores del nuevo mundo, la resistencia es un lugar donde se hace lo que se quiere sin  pedir permiso a nadie, no hay tiempos ni horarios para resistir, trabajando y resistiendo es como se vive.

     Sin embargo, “los de arriba no entienden, porqué [lo que sucede en el mundo de abajo] es una realidad que no se ve desde arriba. Para quién hace política desde arriba, [la lucha de abajo] es un cúmulo de absurdos, en el mejor de los casos, una paradoja inexplicable” (Sylvia Marcos) de locuras. “Locuras que empujan a un mundo diferente, dignidades que no esperan hasta después de la revolución” (Holloway) para cambiar al mundo, rabias que despiertan gritando ¡ya basta! con esperanza y creatividad buscando “romper la lógica del capital, […] [una lógica que] […] nos dice que no hay espacio para la dignidad en una sociedad basada en la negación [de esta]”, (Ídem)  “en un mundo orgullosamente objetualizado el sujeto pasa a segundo plano, se cosifica. Tomado como cosa o mecanismo el individuo pierde su especificidad y se convierte en cantidad indiferenciada, vil masa. Esta transformación biológica de la conflictividad  individual en perfección técnica, inclina a los tecnócratas hacia modelos de represión sofisticada  que convierten al todo social en una maquinaria productivo-consumista sin conciencia ni sentimientos” (Da Jandra)  que permite operar al capital libremente.

         […

] Cuando se vive bajo la sombra de un sistema opresor e impositivo todos aquellos hombres y mujeres que se niegan aceptar la humillación como destino, la muerte termina siendo su destino.   Lo único que queda es “rebelarse de todas las formas que podamos. Pero lo que más importa no es solo el grito de odio revolucionario en contra del capitalismo, sino las formas que tratamos de desarrollar en nuestra práctica cotidiana, actividades que no se adapten a la succión cohesiva de la actividad capitalista”. (Holloway) […]  Es la rabia y el deseo de vivir en otro mundo lo que hace a los hombres y mujeres ordinarias pelear con el corazón; es la dignidad y el amor lo que lleva a luchar por esta bella y abyecta humanidad.  Hoy, en todo el mundo,  gente ordinaria empieza a construir los cimientos de nuevos mundos que emergen desde abajo, mundos que resisten y luchan al margen de partidos, líderes y vanguardias, mundos a los que nadie les enseña que cosa hacer, por eso luchan unidos, saben que la mejor manera de lograr construir el mundo donde quepan muchos mundos es la unidad, ser y querer todos juntos, aunque seamos diferentes.

       Los de abajo han abierto “un nuevo camino que ha iluminado la esperanza bajo tantos cielos de este mundo” (Sylvia Marcos) impuesto,  han sembrado la semilla de rebeldía que les dará libertad y dignidad, lo cual, son la base para edificar el otro mundo.   Para construir otro mundo se tiene que estar claro y dispuesto, no sólo de la cárcel sino también de la muerte. Pero si esto es lo que se quiere, pues adelante. Sólo así podremos, otro camino no queda. Luchar juntos, no importa qué color traigamos, lo que importa es lo que está en nuestro corazón.   “Resistir hoy significa ante todo que no estamos ya gobernados por los de arriba y que abajo, organizados, empezamos ya la creación de una nueva forma de vida y de gobierno. Nada más, pero nada menos…” (Esteva)

**El presente artículo fue expuesto en el Foro “Resistir para vivir, luchando contra los mega proyectos y el despojo de tierras” en la Ciudad de Oaxaca el día 5 de diciembre.

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