Sacar a pasear al perro

La intensidad de las salidas oscilan entre el smooth jazz hasta un hardrock con tinte de funk; en cadencias varias y que requieren de una improvisación continua, en donde yo lidero con la melodía y la Pina hace el acompañamiento. Es así como danzamos con la ciudad

Andrés Sánchez

El 2013 empezó de manera lamentable. Yo, debajo de una sombrilla mientras el cielo lloraba todo lo que se había guardado durante la temporada de lluvias del año anterior. Mientras tanto mi perra, la Nona, sufría una crisis de salud que la mandaría al hospital. El día primero de enero, a media mañana, me habló mi madre: “Andrés, regrésate, la Nona se está muriendo. Sin pensarlo mucho, con mis zapatos mojados y principios de pulmonía, tomé el primer camión que pude y al día siguiente ya estaba en Guadalajara. La Nona pasó sus últimas horas en una jaula de un metro cúbico, con ojos tristes y suero inyectado en su pata izquierda. Su muerte se debió a una defunción en los riñones, le envenenó la sangre a falta de filtración.

Unos meses después sucedió algo insólito. Los policías no son particularmente de mi agrado, sin embargo fue gracias a uno que nuestra familia volvió a contar con compañero canino. Por primera vez en la vida, agradecí a un policía. El caso es que la guardia de seguridad de la escuela en donde estudio, había encontrado a una perra abandonada en un baldío cercano. La nombramos Pina Bausch por sus largas piernas en desproporción con su cuerpecito. Este animal de pelaje negro y bonitos ojos amarillos, vivió su infancia en la calle, en donde no tuvo juguetes como otros perro burgueses. Sus principales aficiones era la caza de polillas, salir y comer basura; siempre con una sonrisa perruna.

Así pues, con un nuevo miembro en la familia, mi madre planteó lo siguiente: “Toda mascota requiere ciertas atenciones como darle de comer, llevarla al veterinario, entre otras”. La familia se repartió las responsabilidades y se me otorgó la obligación familiar de sacar a pasear al perro.

by Isaac Schz

La Pina resultó ser muy entendida y nunca le puse correa, aunque eso me ha valido un par de sustos y tener que lidiar con señoras histéricas y sus igual de histéricos perros. La intensidad de las salidas oscilan entre el smooth jazz hasta un hardrock con tinte de funk; en cadencias varias y que requieren de una improvisación continua, en donde yo lidero con la melodía y la Pina hace el acompañamiento. Es así como danzamos con la ciudad, nos dejamos que el barrio se escape en el tiempo y conocemos cada grieta de la banqueta. Al estar afuera evitamos las redes sociales que son como un torbellino tejano que todo chupa y nada perdona, un consumismo pasivo y constante que es difícil dejar. Sacar a pasear a la Pina se convierte en un acto de rebeldía. Pero no rebeldía hacía mis padres como lo haría un adolescente, sino hacía la vertiginosa conversión del mundo en una novela de George Orwell. Salir de esos campos de incubación personal refresca, distrae de los detractores; así te mantienes lúcido y recuerdas que el territorio de uno es más que la sala y el sillón. Es un acto de rebeldía contra el abandono, contra la apatía del vecindario. Sacar a pasear al perro es una manera olvidada por los jóvenes de socializar, de conocer a los vecinos que no mantienen contacto en estos tiempos del miedo.

No dejar que se olviden las banquetas te convierte en dueño de estas, porque los territorios propios, se construyen con tierra, historias y el cariño que nace de la suma de estos dos factores. Sacar al perro a pasear es un momento en el que se puede reflexionar al respecto de lo que concierne, como un espacio en el día en el que el cerebro se puede desahogar de todo eso que contiene ansioso mientras duran los momentos de formalidad. Un ratito en el que se puede sentir ser un niño otra vez, sin tener que quedar bien con nadie. Comparable con el momento de tomar aire antes de sumergirse en una rutina asfixiante; un instante sin tiempo en un día cuadriculado de horarios. Sacar al perro es hacer feliz a otro ser vivo; luchar contra el antropocentrismo.

Tal vez algún día en el que hasta el súper se haga vía Internet y la gente no tenga que salir de su casa ni para ir a trabajar, las aceras se poblaran únicamente de los sin-casa, policías y tal vez, uno que otro valiente que saque a pasear a su perro.

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