Como si pudiéramos saciarnos

Isaac Sánchez

La palabra sobrevalorada, sobrevalorado todo; la felicidad, el amor, las clases sociales y los tacos de barbacoa. Sobrevalorada la eternidad, los para siempres y los nunca más, sobrevalorados los hombres, las mujeres, los niños; sobrevalorado el cielo y el infierno, la justicia y el perdón, sobrevalorada la cagada de día y el frío de una noche cualquiera. Como si algún significado pudiera albergar algo, lo que sea. Como si algún significado pudiera albergar la verborrea, la exhaltación del yo, la necesidad de ser visible, la rídicula práctica de un ser humano que se cree humano tan solo por ostentar la definición biológica de uno de ellos.

Es como si la palabra se hubiera podrido ya, como si las fechas, los nombres y adjetivos significaran algo para alguien, cuando solo se pudren escondidos detrás de la muela de cualquier persona que no se lava los dientes ni antes de besar a la novia que no tiene. Se han definido tantas cosas, que ya nada queda por nombrar, sino que queda todo para arrancarle su nombre.

Por fin callemos porque la vida termina, se aprieta y corrompe en las palabras. En las palabras de hoy, que, cual vomitadas, se escupen involuntariamente. El silencio se burla de ese desenfrenado momento que se prolonga, se aprieta y se sigue prolongando, en ese desenfrenado momento en el que el ser humano busca, busca desesperado, indigno de sí mismo, lloriqueando de sí mismo, busca darle un significado, ¿a qué? A todo. Cometiendo el horror y el error de creer que las palabras llevan en sí su sentido, que son las palabras solas, solitas ellas, tan sola como la última albóndiga de un plato necesariamente demasiado grande y demasiado blanco, tan sola la palabra…

Tan sola la palabra que por obra de los seres humanos lleva en sí el peso de un ente divino, viviente, vividor, tan sola la palabra que lleva el peso de significarnos a nosotros y no nosotros a ellas. El silencio se ríe como siempre se ríe; en silencio, y es que el ser humano es tan débil, abrumado por su soledad en un cosmos desierto y al mismo tiempo abarrotado de vida cuyos silencios no somos capaces de escuchar. Abrumado por un peso que no existe, por una significancia que no existe, por un tiempo que no corre, ni camina, apesadumbrado por un espacio que considera limitado, por una pobreza que comprende alrevés. El ser humano, malnutrido por su vacío y su oscuridad imperecedera, hambriento de sentido come palabras como si estas pudieran ya saciarlo.

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Un comentario en “Como si pudiéramos saciarnos

  1. ¿Te llegó el Kundera de repente mi Isaac? Esa insoportable levedad de ser nada ante la inmensidad del cosmos y como resuesta querer significarlo todo con palabras, conceptos, por así es como la mente entiende…. Saludos, está chulo como para ponerse a meditar y llegar talvez más allá de las palabras.

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